Abdala en las zonas rurales de Mantua

La carretera recibió una capa de mejoramiento en estos días. Hay calor y poca brisa. Avanzo despacio cegado por el polvo que levantan los equipos agrícolas delante de mí. Me propuse ser testigo de la última jornada de vacunación con Abdala, a las personas mayores de diecinueve años en los consejos populares de, Pino Gordo y Arroyos de Mantua.

En el consultorio me reciben cordiales, pero con timidez. El médico es recién graduado y ya está en la pelea. Le sonrío y me devuelve el gesto con los ojos.

Hay pacientes en los bancos bajo los almendros y otros ya transitan del chequeo de la presión arterial al vacunatorio. Algunos ríen disputándose no ser entrevistados, pero Alexander Reyes, joven campesino de la zona, con ese toque guajiro que solo se manifiesta en Mantua accede a conversar:

Alexander Reyes , campesino vacunado con Abdala

_ Muy contento con la vacuna Abdala, para no enfermarme y sentirme mejor…

_ ¿Y en casa, todos vendrán?

_ ¡Vendrán, no! ¡Ya están aquí y vamos a volver pa’ la otra!

_ ¿Y te dolió la vacuna?

Me mira azorado, macho como suelen ser por estos lares y me suelta:

_ ¡Qué va!, Eso no duele a un hombre. ¡Eso lo que lo salva!

Me despido y avanzo lento hacia el consultorio cercano al centro escolar. Allí sobresalen las batas blancas del personal de salud. El proceso se repite: control de signos vitales, vacunación y observación en las aulas cercanas. Allí converso con los que esperan la hora de rigor para marcharse a casa.

Javier Travieso Ríos es relativamente joven, muy trigueño y lleva un sombrero de ala ancha. Me dice que sí, que el habla, que es uno de los agradecidos.

Javier Travieso Ríos es uno de los agradecidos.

_ Estábamos esperando la vacuna Abdala desde hace unas semanas, y hoy amanecí por aquí.

_ ¿Y la vega? – le pregunto.

_ La vega hoy puede esperar, primero la vacuna pa’ no enfermarme y no enfermar a la familia.

El aire bate en mi rostro. Avanzo increíblemente en quinta por la recién mejorada carretera, único acceso a Arroyos de Mantua y mayor preocupación de pobladores y autoridades por el estado en que se encontraba hasta finales del mes de agosto.

En el consultorio de la calle principal me recibe Gonzalo Ramos, el delegado. Hombre bueno, preocupado por la comunidad que ha creado todas las condiciones para que, “sus muchachas de salud Pública” solo tengan que vacunar con Abdala.

Entro a los predios de la doctora Beatriz, una de las heroínas de la primera oleada de covid19 en el poblado costero y la saludo con un ademán. Sus ojos sonríen, pero comprendo que no está para entrevistas. No obstante, me dice:

Doctora Beatriz, !Viviremos y Venceremos!

_ Abdala es la fuerza de nuestra patria. ¡Viviremos!

En el vacunatorio la seño es asistida por voluntarios de la comunidad, entre ellos, la profesora Mayulys que le lleva el registro estadístico.  Ocupa la silla Ramoncito Escandell y le pregunto por sus impresiones del momento.

_ Muy feliz por vacunarme. Hemos resistido la pandemia con confianza en que este momento llegaría.

_ ¿Sientes temor de la vacuna?

_ No, para nada. Abdala la hicieron monstruos de la ciencia cubana. ¡Aquí todo está garantizado!

Hay disciplina entre la población, pero los activistas no dejan a nadie fuera del carril. Siguen medidas de seguridad para mantener a las personas distanciadas.

En un banco al costado del consultorio, Aurora Fernández Arias espera el tiempo de rigor para marcharse a casa.

Yudelsys Díaz Hernández, vacunada con Abdala

_ Muy contenta porque llegara la vacuna a Arroyos, ahora vamos a estar un poco mejor, más seguros.

Igual piensa Yudelsys Díaz Hernández del mismo barrio y vacunada con Abdala en la mañana de este último día de vacunación.

_ Para que todo vuelva a parecerse a lo de antes, y con la vacunación de los niños para que vuelvan a la escuela, que ya la extrañan y se desacostumbran.

En el consultorio del barrio, Melones, los vecinos esperan en los portales. Algunos ya se vacunaron, otros esperan y bromean conmigo.

La joven delegada, Dianelys Miranda Corrales

_ Entrevísteme, periodista- me dice una señora delgada de ojos reidores- O mejor no, ¡A mí no! A él- dice señalando a un señor serio que se pone todo colorado.  La joven delegada, Dianelys Miranda Corrales lo salva del mal momento y declara por sus electores.

_ Como ves, hay alegría, pero mucha disciplina, que es lo que nos caracteriza a los de aquí. La verdad es que estábamos un poco preocupados porque volvimos a tener contagios aquí y la vacuna Abdala no llegaba. Pero ahora es una realidad.

_ ¿Y cómo están apoyando a los médicos y enfermeras?

_ ¡Muy bien! Como ellos se merecen y a la altura del esfuerzo que han hecho estos muchachos y muchachas.

Entro al consultorio, lavo mis manos y mis zuelas con la solución de hipoclorito y me dirijo al buró donde la joven doctora, Lidia Moreno Miranda atiende a sus pacientes.

Doctora, Lidia Moreno Miranda

_ Hemos vacunado con Abdala a casi toda la población mayor de 19 años de nuestra área de salud, y hasta ahora todo marcha bien. Seguimos la lucha contra la pandemia.

Y en verdad siguen la lucha. En otros dos consultorios de Arroyos de Mantua vemos iguales imágenes de esperanza. Antiguos amigos me saludan. Otros que me reconocen de la televisión me hacen guiños tímidos que correspondo sin falta.  Son la argamasa de un pueblo que ha sufrido mucho, que tiene pérdidas de sus seres queridos y, sin embargo, no pierde la esperanza.

Cerca de 8 000 dosis de Abdala han sido administradas en Mantua, durante las últimas jornadas, como parte del esfuerzo que realiza el país para inmunizar a la población antes que finalice el año en curso.

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