Fidel, hombre impulsor de grandes empeños

Al conversar con María Rodríguez Cardoso nos damos cuenta de la inmensa historia que atesora; memorias de los años en que estudió con Sergio Saíz Montes de Oca y de los que trabajó con Melba Hernández son apenas el prólogo de un libro que aún nadie ha escrito.

A sus 79 años de edad, esta mujer, rememora los acontecimientos que marcaron su vida, sobre todo los acontecidos en 1959.

Sin embargo, para ella  vivir la experiencia de haber conocido al líder de la Revolución cubana Fidel Castro constituye un privilegio y un momento de aprendizaje; lo valora como un “hombre sencillo, altruista, humilde y de profundos sentimientos”.

“La primera vez que lo vi –comenta- fue en el mes de junio de 1961; yo tenía en aquel entonces 21 años y acababa de contraer matrimonio.

“Fui con mis suegros a visitar el Motel de Cabañas y encontrándonos en la cafetería, observé que de las habitaciohnes salía un grupo de compañeros, al frente de ellos se encontraba uno con una enguatada blanca y un par de tenis del mismo color, lo miré y le dije a mi esposo, ese hombre se parece a Fidel.

“Las demás personas que allí se encontraban manifestaron lo mismo, y luego nos dirigimos por el camino hacia la orilla de la playa; los escoltas no detuvieron y nuestro comandante, nos mira y orienta que nos dejarán pasar.

“Llegó a la orilla de la playa y se sentó debajo de una sombrilla de guano en un banco. Los presentes mostraron alegría y satisfacción ya que se encontraban de cerca con la figura del Comandante en Jefe, quien conversó amenamente con las personas allí presentes.

La firma de Fidel

“Poco después, se dirigió hacia mí y me preguntó que de dónde era, que si estudiaba o trabajaba; le contesté que era de Pinar del Río y que trabajaba en el Reclusorio de Mujeres de Guanajay y me pregunta: ¿con la  doctora Melba?, le contesté sí ella es mi jefa.

“Luego, – recuerda esta pinareña entre lágrimas- me contesta y exhorta a que siguiera perseverando que el que persevera triunfa y que siguiera los consejos de la Doctora Melba Hernández”.

La historia de María perecía conclusa, sin embargo, toma de entre muchos papeles una agenda con forro naranja del año 1973 y me confiesa que allí guardaba la firma de Fidel.

“En el año 1973 participé en el Seminario Nacional Martiano, donde vivo una experiencia inolvidable -recuerda- pues por primera vez participo en un evento nacional representando mi querida provincia pinareña.

“Dentro de las emociones que recibí estuvo la noticia de que al concluir el seminario todos los delegados participaríamos en el desfile del propio día 28 en la plaza de la Revolución.

“Al llegar me encontré con diversas personalidades como Nicolás Guillén, Jesús Montané Oropesa y Melba Hernández a la cual apenas vi fui directo a saludar ya pedirle que firmara mi agenda.

“Al rato veo a Ángela Davis y como joven osada fui a pedirle un autógrafo, para mi sorpresa, veo al rato a Fidel acercarse a Ángela, converso con él y le recuerdo aquel día del año 1961 y al concluir la remembranza le pido plasme su firma, él sin dudar aceptó mi pedido”.

Los ojos le brillan a María mientras narra las gloriosas jornadas, semejándose por momentos a la joven que era en aquel entonces y al concluir esta epístola me reafirma que “Fidel es un hombre que pareciera ser ubicuo en todo el pueblo de Cuba, que es y será el mejor impulsor para lograr grandes empeños.

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