Grano de oro, el arroz de Mantua casi en el saco

El arroz es un grano que sobra en Mantua”. La frase de por sí, es tradicional, aunque en el periodo 2019-2020 el grano escaseó en las bodegas y en las mesas.

Considerado, desde el punto de vista económico, el segundo producto de importancia en el territorio, la siembra estatal sobrepasó este año las 300 hectáreas, y más de mil 200 entre el sector campesino y el arroz popular.

Durante los primeros años del siglo, el arroz popular, hizo que el país se fijara en Mantua, alejada de los polos arroceros tradicionales, pero con una población, dedicada a su siembra y cultivo, desde junio hasta noviembre, de cada año.

Complejo Agroindustrial Arrocero Mantua

Así surgieron el secadero y el molino, con capacidad de proceso cercana a las 10 toneladas diarias, y capaz de asimilar el grano que producen Mantua, Guane, Sandino y Minas.

Este año, el clima se presentó favorable en el noroccidente, como en la primavera y el verano del 2017, cuando el territorio aportó mil toneladas de arroz molinado y continuó más allá de esa cifra.

En la presente siembra, los campos están -otra vez- cubiertos de verde, y se espera la recuperación, o por lo menos el acercamiento, a los números tradicionales, sin dejar de reconocer que los mayores índices alcanzados no constituyen el potencial real del territorio.

Raúl Cruz Llaugert, campesino de Mantua

Siembra de oro de Raúl Cruz Llaugert

En el curso bajo del Mantua, vive Raúl Cruz Llaugert. Considerado un paradigma del arroz en el valle de “Lázaro”, este productor ha sabido aprovechar los aluviones del río para abonar sus tierras.

“Prácticamente no empleo abono químico para obtener buen grano. Solo un poco de urea en algún que otro pedacito que aparezca amarillo”.

Durante la primavera, incluso cuando el clima se antoja más seco, el arroz crece en su vega, aunque no posee motores ni sistemas de riego.

“Los motores- dice- están escasos: son para el tabaco, y aunque ya tenemos electricidad aquí, todavía no se habla de turbinas, con el arroz que da este lugar. No me quiero morir sin hacer cosechas de frío, porque mucho que podría aportarle al país.”

La siembra de Raúl se extiende por el valle. En las zonas más alimentadas por el agua ya comienzan a salir las primeras espigas.

“Ahora es más peligroso un ciclón que lo acueste o lo cubra con el agua del río, aunque espero que logremos la cosecha y la naturaleza nos ayude en el último trayecto”.

Sin dudas, el éxito de Raúl Cruz y otros como él, es noticia alentadora para la economía y la población. 

Queda la etapa más difícil, estamos en octubre y todavía ha de superarse la posible presencia de ciclones y huracanes en el área, en un momento en el que, la maduración del grano es incompatible con los fuertes vientos y las inundaciones.

Este es precisamente otro motivo para pensar en las cosechas de invierno y la necesidad, cada vez mayor de electrificar en Mantua, aquellos lugares donde se garantiza el alimento más difundido entre los cubanos.

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