La mejor noticia: ¡Negativo!

¡Negativo! Es esa la palabra más esperada durante estos días y hoy por fin la puedo escuchar detrás de mi nombre.

Hace 5 días estoy en el centro de aislamiento de la escuela especial Marcelo Salado en San Luis. En poco tiempo he experimentado de todo: Tristeza, dolor, arrepentimiento, desesperación, y después de escuchar mi resultado alegría.

-Mamá ¡Es negativo! Esa fue la primera llamada que hice. A partir de ese momento no me concentraba en otra cosa que avisarle a todos los preocupados por mi salud en este tiempo.

Solo dos en el albergue todavía esperan el resultado, los hermanos Pedro y Pastor, y la verdad me pone triste la idea de dejarlos, aunque a más de dos metros de distancia, nos llevábamos como familia.

Nos explican que tenemos que completar los diez días aislados en la casa, sin contacto con nadie. La doctora nos entrega el acta de egreso y nos despide con el cariño que solo una madre tiene. Y es ahí donde recuerdo que entre tantas emociones no tuve tiempo de agradecer a todas las personas que nos atendieron.

A los cocineros que nunca ví, pero tenían manos de chef, a los trabajadores de la escuela especial Marcelo Salado que disfrazados con el traje verde nos limpiaban y desinfectan el albergue en las mañanas, a los que nos traían las comidas, al custodio, el policía, al chófer y a todo el personal de la salud que constantemente nos chequeaban para conocer nuestro estado de salud.

Lo menos que puedo hacer por todos ellos y por mí es cuidarme. Ya viví la historia desde adentro, estuve en la Zona Roja y no para trabajar. Fui una más entre los contactos de un positivo y espero no volver a estar del otro lado de la cinta.

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