La prueba más temida de estos tiempos

¡El desayuno muchachitos! Es el primer saludo que recibí en la mañana en el centro de aislamiento de la escuela especial Marcelo Salado en San Luis; donde espero mi turno para hacerme la temida prueba. La mascarilla no me deja ver sus rostro; pero siento desde la distancia el cariño con el que me entregan el vaso con leche y el pan tostado.

Llevo dos días aquí y me voy adaptando a la cama, el mosquitero, los baños en la tarde y el llanto del niño porque extraña su casa.

Los más pequeños temen a la prueba que le harán hoy; unos dicen que es por la garganta y otros que es por la nariz; todos aseguran que será molesta, pero necesaria. Llegan en el taxi las señoras que realizan el PCR. Comienzan los nervios, nos van llamando uno a uno. Los niños de primero y para sorpresa de todos salen riendo, -¡eso no duele!

Llegó mi turno, entré a la enfermería, la verdad muy ansiosa, el signo de riesgo biológico por todas partes me inquieta. Me preguntan los datos, notan que estoy nerviosa y aunque no les veo el rostro, sentí la sonrisa, el cariño. -no cierres los ojos- es lo único que recuerdo del momento en el que me hicieron la prueba.

La inauguración del nuevo laboratorio en Pinar del Río nos da la seguridad de que el resultado de esta prueba estará más rápido y si todo sale bien, la estancia en el centro de aislamiento está llegando a su fin.

Por ahora ninguno de los que estamos aquí tenemos síntomas, pero esa es una de las características de este virus; pasa por algunos silencioso y ahí radica el peligro, porque las personas nos confiamos mientras el virus sigue propagándose.

En 48 horas con el resultado de la prueba conoceré si soy una más de las contagiadas. Ojalá y solo quede entre las sospechosas. Por ahora seguiré aislada, con dos metros de distancia de por medio y con estas personas que al igual que yo, dependen del resultado para respirar con tranquilidad.

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