Si aceptamos que se considera como una causa de estrés el trabajo intensivo, el exceso de responsabilidad, la ausencia de momentos de ocio, etc; con buena lógica, las amas de casa serían trabajadoras potencialmente estresadas.
Erróneamente, muchos consideran que ser ama de casa y desempeñarse en el entorno del hogar, es una ocupación que no implica presión, pero nada más alejado de la realidad.
Para comenzar pensemos solamente que el trabajo que realiza una ama de casa no tiene horario que lo limite y por eso son un sectores de la población especialmente sensibles a los efectos del estrés.
Podemos considerar a la ama de casa como una mujer cuya actividad cotidiana primordial es la atención de su familia y el cuidado de la vivienda, obligaciones que demandan un esfuerzo físico y psíquico.
Desde que se despierta hasta que se acuesta tiene el deber de estar activa para cubrir las necesidades de su familia, ya sea el cuidado personal, la alimentación, casi todas las tareas dependen de la ama de casa.
Eso, sin entrar en aquellas familias en las que hay una persona en situación de dependencia: la responsabilidad de su cuidado suele caer también sobre sus hombros.
Además, existe un agravante: el sentimiento de trabajo inútil por lo efímero de los resultados. Ordenar para desordenar después y volver a ordenar mañana, acomodar muebles o cargar niños pequeños, esfuerzos físicos que están más en función de la continuidad que de la intensidad. Sin embargo, algunas personas podrían suponer (y no sin falta de razón) que su esfuerzo también es intenso.
Por otra parte puede que se piense que las actividades de la ama de casa no implican un gran trabajo para la mente. Sin embargo, debe pensar en un menú, calcular gastos, resolver problemas de sus hijos, etc.
Son muchos y variados los desafíos a los que se tiene que enfrentar, inclusos vinculados a planificación, la gestión de recursos o la inteligencia comunicativa, aspectos asociados a profesiones de reconocido estatus social.
Pensemos que en la actualidad: muchas amas de casa, además de cargar con todo el peso del hogar, también trabajan fuera, en el espacio público, al que han accedido sin abandonar el mundo privado que incluye la familia y el cumplimiento de sus funciones.
Estamos hablamos de personas que son capaces de desempeñar dos trabajos a tiempo completo, con poca o ninguna ayuda y, en muchos casos, con menos comprensión.
La COVID- 19 coloca un añadido a esta realidad, al trabajo y al esfuerzo, poco reconocido de las amas de casa. Es preciso entonces salir de ese círculo cerrado donde todos piden y una sola persona complace. !No será fácil!.
Lo anterior, implica mover elementos establecidos de quién hace qué, auxiliarse de las personan que más comprenden y reconocen esta realidad para sumar fuerzas y, desde el compromiso, solicitar apoyo.
También se necesita un giro para expresar de forma clara y directa su solicitud, no de ayuda, sino para responsabilizar a los otros con las tareas de ese hogar que es de todos.
Es importante defender los espacios de descanso de esas mujeres, casi siempre entradas en años, que justo cuando se disponen a dormir, la sorprendemos dejando la cocina organizada para el desayuno del día siguiente, poniendo los frijoles en remojo, planchando una camisa, recogiendo un juguete, regando las plantas o quizás tendiendo una toalla que se quedó en el baño.
Y justo en el momento de acostarse cerciorarse de que los seguros de las puertas están colocados, revisar los niños, apagar la luz, poner en hora el despertador, añadir tres cosas a la interminable lista de asuntos pendientes, ordenar mínimamente el cuarto.
Cualquier semejanza con la realidad no es pura coincidencia, parecería incluso que no pueden dormir porque tienen siempre cosas pendientes por hacer.
Que pena que muchos no lo aprecien pero siempre es tiempo de cambiar. Si estar en casa nos permite ser conscientes de esta realidad, no la neguemos, seamos parte de la necesaria transformación.