Incendios forestales consecuencias inevitables

Los incendios forestales son parte indisoluble de la sequía en los bosques cercanos a la villa de Mantua, en el noroccidente de Pinardel Río. Desde Minas de Matahambre y hasta los límites con Guane, el bosque cubre más del 60% de la superficie de este territorio.

Avanza la estación seca y aunque hasta el momento solo se reporta un incendio de pequeñas proporciones, aún queda la atapa más difícil de una temporada en la que, cientos de hectáreas boscosas son propensas a perderse cada año y la vida salvaje es despojada de su hábitat.

Para quien ha vivido muy de cerca los incendios forestales, su ocurrencia es un verdadero desastre para los suelos, los árboles y las especies animales que habitan el bosque. Ya pasaron tres años desde que las llamas consumieran más de mil hectáreas al sur y al este de Mantua, y amenazaran los poblados de Antúnez y Montezuelo.  Las pérdidas se calcularon en miles de hectáreas de pino, en su mayoría joven, con poco valor para la industria maderera. Hoy las heridas del fuego, están presentes.

Estudios locales han comprobado que la naturaleza por sí sola puede tardar entre 40 y 1.000 años en formar un cm de espesor de suelo fértil. Aunque siguió una intensa campaña de reforestación, el escaso desarrollo de las plantas en lugares donde las llamas consumieron pinos de entre 10 y 25 años de plantados corrobora la hipótesis.

Pero ¿cómo se recupera un bosque tras un incendio de gran magnitud?  En verdad, es difícil predecirlo. Lo primero sería recuperar el suelo. En ocasiones la naturaleza hace este trabajo de forma independiente, pero en otras, es necesaria la labor humana.

Hoy la vegetación sobreviviente y algunas especies plantadas hace de capa protectora del terreno. La práctica más extendida es la de cavar zanjas y diques para que las lluvias no arrastren las semillas.  Otro aspecto que tienen en cuenta las brigadas forestales es la limpieza de la madera quemada, para evitar las plagas de insectos que vivirán en los troncos podridos y la creación de trochas.

En el caso del territorio, pasarán algunos años, si es que el fuego no regresa, para que la reforestación sea efectiva y surjan árboles que devuelvan al bosque su aspecto, salud y ecosistema. Por el momento hay condiciones propicias para el fuego en los bosques cercanos a la villa, debido a la acumulación de elementos combustibles.

Muchos se preguntan qué ocurrió con los animales que, evidentemente, ya no viven en estos bosques. La respuesta es que, se llevan la peor parte. Cambia la morfología del bosque y los seres vivos se marchan al ver peligrar su reserva genética y su supervivencia a largo plazo. En estos lugares, antes llenos de trinos, solo queda el silencio y el viento.

Los incendios forestales, los naturales, han ocurrido desde siempre como elemento normal en el funcionamiento de los ecosistemas. El problema ha surgido con el aumento de la cantidad de incendios, que sobrepasa la capacidad de recuperación natural.

En la actualidad, entre un 80% y un 90% de los incendios son causados por el ser humano, y para Mantua, los fuertes vientos del momento, la sequía y el material combustible, se suman a estos signos de alerta que no se pueden ignorar, ni minimizar.

Fuente Portal del Ciudadano
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