Monumento al Soldado Invasor, su historia

Un monumento cuenta su historia. Fue el incansable León Brunet, villareño de Cuna, pero mantuano de corazón, el cubano a quien  debemos los hijos de esta tierra el imponente monumento al Soldado Invasor, perpetuo homenaje de la Patria a aquellos que entregaron la vida para conquistar la libertad y la luz que la Patria necesitaba.

El también abogado y periodista, desde la década del 20, del siglo pasado,  dedicó esfuerzos a luchar por el mejoramiento de la villa mambisa de occidente. No hay obra por sencilla que sea, o conquista de entonces, en la   que no esté su impronta tesonera e inquebrantable.

En 1929, Brunet y Ramírez presentó una moción a  la Asociación de Prensa  de Cuba, con la que pretendía-   y  así   logró-  realizar una colecta pública    nacional para obtener los fondos necesarios que pagasen la construcción  de un monumento a la memoria de los mambises invasores.

El conjunto sería un símbolo ante los ojos de Cuba y del mundo que imprimiría a Mantua el realce y el colofón del patriotismo, como altar venerado de la nación.

Se perfila el monumento

Monumento al Soldado Invasor. Mantua 1935

Para construir el Monumento, Brunet recaudó nueve mil ochocientos pesos. Ese mismo año la Asociación  de Prensa de Cuba, lanzó un concurso al que se presentaron ocho maquetas, de escultores y arquitectos cubanos.

Un jurado compuesto por personalidades de entonces como el doctor Salvador Salazar y Roig, catedrático de la Universidad de La Habana y el comandante del Ejército Libertador,  Alberto Antonio Salazar, optó por la propuesta del escultor Juan J. Sicre y el  Arquitecto José  M. Bens y Arieto.

El precio fijado por la obra rondaba los diez mil pesos, pero el artista cobró solamente la cifra recolectada.

Manos a la obra

La totalidad de los materiales para hacer el monumento llegaron por mar.

La totalidad de los materiales llegaron por mar, hasta el puerto de Los  Arroyos. Al fundir los cimientos de la columna que sostiene al Soldado, se  colocaron dentro del hormigón botellas lacradas con monedas y periódicos  de entonces.

En 1932, en acto celebrado en Mantua, se colocó la primera piedra,  eligiéndose el centro de la vía pública, donde debía confluir la carretera  Guane- Mantua con el inicio de la calle real, actual José Martí. Las obras comenzaron unos meses después.

El parque aledaño se construyó tiempo después, con el dinero de los  contribuyentes mantuanos, quienes, en sesión del Ayuntamiento, del 30 de Mayo de 1933 acordaron destinar 350 pesos para el mismo.

El 19 de septiembre de 1933, a las cuatro de la tarde, el monumento al Soldado Invasor, entró en la historia  de  Cuba, y con él, Mantua, el  joyel  de  occidente;  sin  embargo,  no  fue  su inauguración  oficial  hasta el cuatro  de agosto de 1935, bajo el mandato del doctor, Ramón Granda, alcalde  mantuano.

Décadas después, el señor Antonio Capín, secretario del entonces Patronato Local, reveló la existencia de alabancias para convencer al doctor Brunett de construir el monumento en un parque  en … La Habana. El hecho de estar en Mantua, no deja lugar a otros comentarios.

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