Mujer de bata blanca y corazón latiente

La mujer escribe páginas de altruismo en la sociedad cubana en cada una de las tareas que asume. En La Palma las que laboran en el sector de la salud se destacan por ser valiosas profesionales, técnicas en diversas especialidades e internacionalistas en las más recónditas latitudes.

El policlínico Pedro Borrás Astorga acoge historias dignas de ser contadas.

Yanet Hernández Triguero, especialista en Genética médica, atiende este programa que permite que el embarazo tenga un feliz término. Para la especialista que conoció historias desgarradoras en la misión Manuela Espejo en Ecuador su labor tiene un alto sentido humano.

“La genética es esa especialidad que previene malformaciones y problemas congénitos que pueden llevar al sufrimiento del niño y de la familia. Conecer de cerca historias de abandono y de muerte te hacen valorar nuestra profesión. Poder atender a las fururas madres y garantizar el bienestar de la familia y la sociedad es un privilegio para mi como mujer”

Tiempos de pandemia y grandes retos

La salud pública cubana ha tenido el gran reto durante todo un año de enfrentar en condiciones muy adversas la pandemia de COVID-19. María del Carmen Pérez Posada es una joven epidemióloga que ha crecido ante la pandemia. Trabajo en zonas rojas y la atención a personas sospechosas de tener la enfermedad no han hecho que esta mujer ceje en su empeño de salvar vidas.

“Me considero una mujer valiente, he tenido ante mi el reto de compartir las labores de mi profesión con la atención a la familia y a la vez protegerlos con mi autocuidado. Ya hemos enfrentado en el municipio tres rebrotes de la enfermedad y siempre es una experiencia nueva. La comprensión de la familia es fundamental”.

La exigencia nos distingue

En el policlínico palmero el laboratorio clínico es de esos espacios donde no se descanza, el ir y venir con las muestras, el trabajo minucioso en los microscópios y la exigencia por no violar ningún protocolo de bioseguridad mantiene siempre activa a Regina Siverio experimentada laboratorista que por más de treinta años ha sabido conjugar su profesión con su familia.

Internacionalista por dos ocaciones, Regina fue de las primeras colaboradoras de la salud cubana en partir a tierras asiáticas, a la República Popular de Laos y más reciente en el tiempo a la República Bolivariana de Venezuela.

“La exigencia para mi y la profesionalidad es lo que nos ha dado a las mujeres del sector de la salud el prestigio que merecemos. Si se tiene en cuenta que antes de enero del 59 muy pocas mujeres se desempeñaban en esta rama entendemos todos los espacios que hemos ganado. Por ello pienso que debemos seguir conquistando ese sueño de estar a la par de nuestros compañeros… no detrás ni delante, sino a su lado construyendo y creciendo”.

Me han estremecido un montón de mujeres, esas que están ahí en el cotidiano de vida, las que hacen crecer sueños y certezas. Las de batas blancas merecen por estos días difíciles de dolor y enfermedad respeto y también apoyo con nuestro actuar responsable. 

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