Nuevo coronavirus, verdades como un templo

Por meses he escrito sobre el Nuevo Coronavirus. Pero hasta hoy no interioricé la realidad estremecedora que habita en cada cifra, en cada enfermo y en cada muerte.

Mi amigo Pepe, el de Correos de Cuba, califica lo que ocurre como, una guerra silenciosa de la que se deben sacar miles de enseñanzas, no solo a nivel de municipio, también a nivel de país.

“Hay que aprender a respetar las leyes- dice Pepito- y que nadie se crea por encima del bien colectivo; sea quien sea. El virus no viaja solo y no entiende de quién eres: nacional, turista, negro o blanco, obrero o profesional, niño o joven. Simplemente no entiende”.

Solemos pensar que, nada puede sucedernos si logramos permanecer al margen, un margen de bordes imprecisos y dimensiones prácticamente desconocidas. Olvidamos que el virus es un ente vivo que no negocia con su hospedero. Al menos el SIDA ofrecía alternativas bien claras: el Nuevo Coronavirus, no.

Areas de Cuarentena en Mantua 3

Entre mis más asiduas seguidoras en las redes sociales está, Bárbara Linares, una mantuana de esas que le dicen al pan, pan; y al vino, vino. En fecha reciente escribió al pie de una de mis publicaciones el desgarro que lleva en su alma de patriota: “si supieran lo triste que es perder un familiar a quienes nosotros, por irresponsabilidad, contagiamos, las personas se cuidaran más y no seguirían en las visitas y el compadreo”.

Hemos sido débiles, tan débiles como suelen ser los seres humanos; nos resistimos a posponer los hábitos comunes de los seres sociales. No nos detuvimos a pensar que, en vez de ayudar en esta lucha, edificamos con nuestras actitudes los lastres que hoy penden del cuello de un país que no ha dejado de luchar un segundo por todos nosotros.

¡Cuánto egoísmo llevamos dentro! Cuanta superficialidad en los que prefieren los tonos medios y las medidas relajadas y selectivas, en la práctica indisciplinas de la peor ralea. No es suficiente lo que hagamos en el entorno personal si no intentamos una mirada abarcadora de la sociedad y los elementos que conducen a la expansión del virus.

El mapa epidemiológico de Cuba indica que la expansión cuadrática del Nuevo Coronavirus; y también cuanto precisamos de una visión colectiva, desde la comunidad, en la que no falte la vergüenza para reconocer nuestra responsabilidad ciudadana en esta historia.

Necesitamos del aislamiento social, y de eso solo nos damos cuenta cuando enfermamos. Es un imperativo dejar a un lado, al menos temporalmente, los proyectos que pertenecen a la libertad de la tierra y el viento. Ya volverán.

Errores, claro que hemos cometido; decenas de errores desde el inicio de esta pandemia, que jamás pensamos calaría tan hondo en la salud de los cubanos. Errores de los que precisamos aprender, hoy, ahora mismo, en este minuto.

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Es preciso salvarnos con la más férrea exigencia que la consciencia colectiva pueda imponer: menos personas en las calles, menos visitas, menos roce social son algunas de las fórmulas que no sabemos emplear, y sin embargo están ahí, al alcance de la mano.

Hay hombres y mujeres que todos los días traspasan la línea roja por nosotros. Nada piden por hacer su trabajo. Creo que, en retorno, debemos ayudarles a fabricar la superficie desértica que demanda el Nuevo Coronavirus para perder su alimento vital y desaparecer de la faz de nuestra querida patria chica. Aunque parezca imposible, el virus se marchará si así lo queremos todo.

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