Oda a un campeón

¿Qué cosa es la vida? Preguntaba un joven a su maestro de gran estatura y piel negra como el carbón, mientras a pleno sol, en el estadio Capitán San Luis realizaba el calentamiento previo al juego del día.

“La vida es un compendio, si te duermes te lleva, pero si luchas triunfas, así que tira para la mascota de Chicho, concluye bien el ejercicio” decía el avezado entrenador.

Aquel muchacho confiaba ciegamente en la leyenda del montículo, en uno de los seis cubanos que en nuestros campeonatos nacionales han ganado la difícil triple corona de picheo. Fue líder en victorias con 12, ponches con 60 para las gradas y promedio de carreras limpias (PCL1,67).

Reinaldo Costa Acosta, veía en la superación un arma constante. De ahí que cuando aconsejaba lo hacía desde la sapiencia de aquel grande del box que, en el Campeonato Mundial de 1984, que tuvo por sede a La Habana, derrotó con grandes estrategias a las selecciones de Venezuela, Japón y Puerto Rico.

El maestro que aquella tarde de mayo seguía exigiendo al joven atleta, venía de un central de negros pobres, donde la miseria estaba para repartir por cantidades, pero el decoro y la honestidad de los humildes era mayor, por eso pedía responsabilidad y esfuerzo. Costa no entendía de chapucerías, las detestaba.

Andaba pulcro, con su acostumbrada forma de vestir, tiraba por el lateral y era un cerrojo con los lanzamientos en rompientes. Furibundo fumador de un buen puro cubano, los pedía. Recuerdo en Mayabeque hace apenas unos meses, los tabacos que Amaury cargó desde Pinar para que el “contrario”; (en aquel entonces defendía los colores de Cienfuegos) los fumara a su antojo.

Reinaldo siempre amó la familia, desde ese sitio nos hizo cargar muchos bultos para paliar las necesidades de los suyos, y sus ausencias prolongadas por el béisbol. Luchaba por ellos a brazo partido, veía en Maribel, su esposa, ese bastón necesario que se encargaba de ponerle orden a la casa cuando no estaba.

Era amigo de sus amigos, entrenador capaz, fiel a sus principios y luchador de miles de batallas. Solo este virus del infierno pudo arrancarle el último out. Le tiro rectas, slider, curva y hasta cambio de bolas, pero la COVID-19 parecía un bateador planteado en home, no se iba con bolas malas y lo hizo sucumbir.

No sabe esta pandemia que solo fue un batazo al jardín derecho, que Costa hizo la asistencia detrás de tercera, que se viró rápido a primera, y desde el box en el cielo de los iluminados, seguirá junto a Juanito, Fernando y el Giri facturando out por montones.

Costa permanece aquí entre los que lo admiramos, y pquedará por siempre, porque los agradecidos hoy solo vemos en ti ese gran hombre que nos dice un hasta luego, con la sonrisa de siempre.

En Video: El adiós a un campeón

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