Remember the Maine

Remember the Maine, fue la frase oportunista y patriotera que emplearon los yanquis, 122 años atrás para intervenir en la guerra hispano cubana. Como las hienas en medio de la pradera africana, vieron la debilidad del coloniaje español en Cuba y se lanzaron a la yugular.

No fue por humanidad, ni siquiera para que la paz y la matanza de un pueblo decidido a ser libre, cesaran en zona tan cercana como la que consideraban, su traspatio. Era el vaticinio de José Martí, sobre el gigante de siete leguas que se extendía sobre los pueblos de América.

Faltaba el pretexto y lo tuvieron. El 25 de enero de 1898 el acorazado Maine anclaba en la bahía de La Habana. Cuentan las crónicas de la época que fue el buque más grande en esa rada y que  realizaba una visita amistosa. Los españoles y los cubanos más preclaros lo vieron como el objeto de una provocación, lo que muy pronto se confirmaría.

Remember the Maine

Como en el presente, exactamente igual a las campañas contra los gobiernos democráticos de la región, la  prensa estadounidense montó una campaña de descrédito que  responsabilizó a las autoridades españolas del hundimiento del buque Maine. Era la carnada entre las fauces de los círculos políticos más agresivos de EE.UU. que intensificaron la presión  para que el Ejecutivo interviniera en la isla.

Con el Maine intentaron hundir la independencia cubana

 Washington rechazó crear una comisión mixta y formó la suya encabezada por el capitán William T. Sampson. El escenario político en Estados Unidos no era favorable a una investigación equitativa.

Por su parte, la  comisión investigadora organizada por los españoles determinó que la explosión fue causada desde dentro, pero la mesa estaba servida y no se necesitaban más comensales.

La administración de McKinley, jugó su papel y en un acto que saltaría las lágrimas del cocodrilo más insensible en el archipiélago, pidió autorización al  Congreso para terminar el sufrimiento de los cubanos.

Después del Maine

El hundimiento del «Maine» cumplió su cometido. El 25 de abril inició la guerra en la que hubo de todo: bloqueo naval, bombardeo a las ciudades costeras, incapacidad de los norteños para desembarcar debido a la enconada resistencia española, y la toalla que le lanzaran los cubanos a los gringos para que pusieran un pie en tierra.

Los restos del Maine en la bahía de La Habana

También fueron los mambises los salvadores de decenas de marineros de la diezmada escuadra del Almirante Cervera. Está claro que nuestra guerra contra España, no era una guerra de odios.

El 12 de agosto de 1898, luego de tres meses y 17 días España se rindió. El 10 de  diciembre de 1898  se firmó el tratado de París por el cual la metrópolis perdió a  Cuba, Filipinas, Guam y Puerto Rico, estas últimas entregadas oficialmente a los EE.UU. por 20 millones de dólares. Y eso que no habían otros intereses de por medio y que el acorazado Maine había llegado a estas costas en misión de amistad.

Epílogo de un engaño colosal

Lo demás lo conocemos muy bien los cubanos: la nación convertida en satélite, garito, burdel  y carbonera, y los marines orinando las estatuas del Apóstol. No en balde hubo que recurrir al monte una vez más, porque la afrenta era tan grande como insoportable.

Los verdaderos héroes de la contienda contra España

Si algunos dicen con cierta razón que la independencia de Cuba se hundió con el Maine, los de acá la recuperamos con Fidel, y va para largo.

Más de un siglo después del Maine hay poco que agregar a los métodos de rapiña empleados por el entonces naciente imperio, como no sea la terquedad y la inutilidad de seguir empleándolos contra un pueblo que aprendió rápido y no muerde la zanahoria que oculta un gran garrote.

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Ingrese aquí Captcha : *

Reload Image