La Santa Ana vuelve a convocar desde su aurora cubana

Los ecos de aquella mañana de julio toman matices de continuidad. En Cuba, su llamado vuelve a ser sinónimo de combate y entrega.

Los asaltantes de aquella aurora señalan nuevamente el camino. El rojinegro de entonces se mezcla esta vez con el olivo de la sierra en un común y multiplicado escenario de lucha por la vida de todos, por la integridad de la patria.

Suenan tímidos cantos de sirena que intentan atenazar la unidad de los hombres, empeñados en teñir de heroísmo el bregar de los días.

Pero la gallardía de las palmas, vuelve a ser brújula del andar, ¡del andar por Cuba, por su gente! ¡Andar por la paz y la libertad, teñida por siempre con el rojinegro de aquella mañana de la Santa Ana!

El amanecer vuelve a requerir sacrificio y entrega y el himno de combate lo recuerda: “…arriesgaremos decididos por esta causa hasta la vida…” También el verso del poeta inmortal: “…¡sólo así permanecerá en la cima del Turquino, la estrella solitaria”!

Poema Era la mañana de la Santa Ana, de Jesús Orta Ruiz

Era la mañana
de la Santa Ana,
mañana de julio pintada de rosa.

Nadie presentía que saldría el Sol
por la silenciosa
granja de Tizol.

Santiago el Apóstol, marchito, dormía
como derribado por la algarabía
de conga y charanga, locura y alcohol.

Era la mañana
de la Santa Ana…

¡Oh, la incubadora
de la redentora
granja Siboney!

¡Qué gloriosos gallos dieron a la aurora
viejas y olvidadas posturas de Hatuey!

Iban decididos por la carretera…
Por todo el paisaje se abrió la bandera.

En la caravana de los inmortales
iban dos mujeres de pureza estoica:
también procedían de la granja heroica,
de la incubadora Mariana Grajales.

Eran soles previos que con su alborada
rasgaron las nieblas del cuartel Moncada

La Patria en tinieblas vio sus rumbos claros
a la luz precisa de urgentes disparos.

Era la mañana
de la Santa Ana.

La sangre vertida no fue sangre vana.
¡Qué ciegas estaban las manos de aquel
que arrancó los ojos, los ojos de ensueño
los ojos de Abel!

¡Los ojos de Abel!
que ahora son estrellas de un cielo risueño
y alumbran el paso triunfal de Fidel!

Los mártires todos invaden el día,
alegran ciudades, liberan el monte…

Ya escucho los cantos de Gómez García
en rápido tránsito de flor a sinsonte:
—26 de Julio: heridas
por donde surgió la aurora:
alta fecha vengadora
de las fechas ofendidas.

Caliente sangre de vidas
rotas por el heroísmo
cuando traición y cinismo
bailaban sobre un calvario…
¡Oh, rocío necesario
a la flor del patriotismo!

Es la voz de toda la tierra cubana:
—¡Gloria a la mañana
de la Santa Ana!

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