¡Todo está bien! dijo el emperador pero, nadie le cree

¡Todo está bien! dijo el emperador y acto seguido se regodeó de la potencia de su ejército. Han pasado unos días y la calma de Trump parece sospechosa. En la madrugada del miércoles entre 13 y 18 misiles iraníes causaron bajas en la parte norteamericana ubicada en bases de Iraq, y el mundo se quedó en vilo, porque la represalia norteamericana se esperaba. Siempre lo hacen.

Afortunadamente, no ocurrió y hoy muchos se preguntan quién aconsejó al cowboy para que, su ego herido, no diera la respuesta errada que desataría el infierno en el oriente próximo, y quizás en todo el mundo.  ¡Todo está bien! Y si él lo dice, hay que ponerlo en duda.

Los hechos en el terreno, aunque bien camuflados, indican que sí hubo víctimas entre los uniformados de los Estados Unidos. Un reportero del diario israelí, Haaretz, informó que 224 soldados estadounidenses fueron heridos durante el ataque iraní a la base estadounidense Ain al Asad, como respuesta al asesinato del general Qassem Soleimani. La cuenta del reportero fue suspendida minutos después de publicar el tuit. Cierto o no, es para tomárselo muy en serio, pero ¡Todo está bien! Everything´s all right!

¡Todo está bien! pero…

Aunque… no, el ególatra siempre salta: al “emperor” se le ocurrió pedir a las  potencias mundiales (como Reino Unido y  Francia)  y a ¡Rusia! que,  rompan el acuerdo nuclear de 2015 con Irán para renegociar un nuevo pacto, «Debemos trabajar todos juntos hacia un acuerdo con Irán que haga el mundo un lugar más seguro y pacífico», dijo. Gran hipocresía si se tiene en cuenta que el asesino aún sostiene el cuchillo con que agredió primero. ¡Todo está bien!

D. Trump se debate entre amenazas, concilios y sanciones: Iran lo tiene desconcertado.

Y si las primeras declaraciones del errático norteño crearon asombro y alivio, las siguientes dejaron pasmados a más de uno sobre el planeta.  Trump experimentó otra recaída y… pidió reconciliación a Irán, para evitar la guerra.  “Oiga, presidente, mire que está pareciendo débil. Es hora de hacer lo que mejor sabe hacer”, debieron acosnsejarle ¡Y a sancionar se ha dicho!

En las redes hay de todo, y es lógico.  Tantos dislates  hacen dudar a cualquiera, o incitan a los «lamebotas» a comparar el ejército iraní con el  de EE. UU.  Tantos aviones, tantos tanques, tantos barcos, tantas cabezas nucleares… y se olvidaron de principios básicos: la posición y la motivación.  En otras palabras, se olvidaron de Viet Nam.

Desde mi punto de vista, los hijos de Lincoln no han de morir en tierra extraña, por una causa que nadie comprende y que solo beneficia las aspiraciones eleccionarias del Señor Trump, a las élites de poder y al Complejo Militar Industrial. Pero una cosa piensa el bayo y otra el que lo monta.

Se despide para pelear en guerras que ni siquiera comprende. Le han dicho que protegerá a su país y a su familia.

El pragmatismo iraní

Irán domina el Estrecho de Ormuz, es un hecho temible y poco o nada se puede hacer para ignorarlo. Sus misiles apuntan a unas 140 posiciones norteamericanas y de sus aliados en la región, y hasta los más gallitos han apelado a la cordura. Saben también que con el vecino Iraq no pueden contar: allí los odian y, decididamente no los quieren en su territorio, aunque el «anaranjado» insista en cobrar para irse.

Irán cuenta con la potencia de fuego suficiente para hacer frente a una agresión de EE. UU. y sus aliados en la región.

En fecha reciente la nación persa probó con éxito un misil capaz de llegar a Israel: el Sejil 2 de combustible sólido, supera los 2 000 kilómetros y supone un dolor de cabeza para la nación judía. Tras el ataque a las bases… el ejército iraní desplegó el sistema antiaéreo, «15 de Jordad», que puede detectar e interceptar seis objetivos de forma simultánea, y emplea para derribarlos misiles del tipo Sayad-3, de producción nacional. Por lo visto no se tragan el cuento de qué, ¡Todo está bien!

¿Qué pasará en los próximos días? Nadie lo sabe; con D. Trump nada es predecible. A una buena parte del mundo le gustaría creer que los asesores del rubio color naranja le aclararon los puntos, porque en el caso a colación no se trata de saber, quién ganará la guerra si se produce, sino, cuánto le costará al imperio luchar contra los persas en su propio territorio, y cuántos de sus aliados se irán de la faz de la tierra antes que Irán sea solo polvo y sangre.

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