Un hombre blanco, busca refugio en un búnker y aviva el odio entre sus compatriotas. Desde su soledad protegida, ese hombre, divorciado de una realidad difícil de cambiar a su favor- o al menos eso es lo que prefiero creer- , invoca leyes añejas y vuelve los fusiles del ejército contra su propio pueblo.
El hombre de esta historia tiene un pasado sórdido, escandaloso, hilarante, inmoral, depende del ángulo por el que se le mire. Los supremacistas blancos, lo adoran; el mundo lo detesta.
Hablamos de un tipo prepotente, amigo del mayor pederasta de la historia americana y eso ya es algo para tomárselo bien en serio.
Mediático hasta en el retrete, salió con aquello de, “estaba inspeccionando el búnker”. Una inspección, por si acaso, que el giro de los acontecimientos ha sido inesperado y la Unión está como horno para galletitas. Es evidente que miente como buen incapaz al que, incluso, George W. Bush, otro hombre blanco parecido, le saca ventaja.
Una vela al viento es el mejor calificativo para este hombre blanco que tuvo la “brillante” idea de ser emperador. Ese día resucitó el violador Calígula; y el incendiario Nerón, volvió a la antorcha que convirtiera a Roma en cenizas.
Un hombre blanco y una vela al viento

Derek Chauvin apoyó la rodilla sobre el cuello de George, un ser humano nacido en el lugar equivocado, donde sus semejantes se beben las lágrimas casi desde que el “MayFlower” arribara a las costas de Norteamérica. «No puedo respirar- dijo George- y Derek lo ignoró.
El hombre negro luchó por su vida, rogó, gimió con los últimos esténtores de su garganta herida, pero corrió la suerte de los Cheyenne, los Cherokee y los esclavos africanos que perecieron por las balas y el látigo.
Murió G. Floyd sin saber que aquel hombre hincado en su cuello era apenas el avatar del emperador; el mismo que apagó las luces del palacio y huyó despavorido a esconderse en las profundidades de la tierra, porque las manos negras- y las blancas- sin más armas que las uñas crispadas y las razones acumuladas por siglos, pedían justicia, la misma justicia que su gobierno racista, xenófobo, narcisista e incapaz no puede ofrecer.
Dijo Bolívar, “Maldito el soldado que empuñe las armas contra su propio pueblo”. Pero ése fue Bolívar, el Libertador, el Padre de Venezuela- tierra que hoy resiste el ataque amanerado del trumpismo con todo lo que ello puede significar- porque Bolívar fue grande y eterno. Pero el hombre blanco, al payaso anaranjado en su ruindad egoísta no le importaría masacrar a su propia gente.
«Fuera Trump»- dice el mundo

El rechazo es mundial, y en las calles de más de 30 ciudades importantes de Norteamérica los puños continúan en alto y así será mientras exista un hombre con decoro. Snapchat anunció que dejará de promocionar las publicaciones del Emperador en la red social, porque, no «amplificará voces que inciten a la violencia racial y la injusticia».
La aplicación se une a Twitter que en días pasados le dejó claro que sus tuits sobre las protestas en Minneapolis glorificaban la violencia. Pobre Zuckerberg que se subió al carro de la historia a la diestra de un racista que huele a crematorio nazi.
El 9 de junio, George Floyd recibirá sepultura. Con él se irá al campo santo otra víctima de la violencia policial, o mejor, una víctima- una más- del racismo alentado por el hombre blanco de estas líneas. Las razones del crimen, de este crimen y de los otros pasados, y por venir, están en la esencia del sistema que estigmatiza, mata, destruye para prevalecer.
En lo adelante lo que ocurra es impreciso. Han sido muchos los muertos por motivos similares como para creer que algo trascendental ocurrirá. Mientras, la bestia que es Trump, el hombre blanco de esta historia, continuará su marcha terrorífica en la búsqueda de una reelección que, de ocurrir, el mundo apocalíptico de la mejor película de horror producida en Hollywood será una caricatura chapucera de la verdad que nos espera.