Urquiola Jr. y los secuaces del olvido

Desde que se acabó la 60 Serie Nacional de Béisbol, muchos se hicieron eco del regreso de Pinar del Río a las semifinales de la pelota cubana. Los artífices fueron los atletas, pero detrás de ellos estaban los entrenadores que jugaron un papel fundamental.

Alexander Urquiola, al mando, supo darle los toques de exquisitez a un elenco que llevaba varias temporadas hundido en el bache de la inestabilidad.

Alex no estuvo solo, lo acompañaron Jorge Ricardo Gallardo, Joselián Cejas, Raciel Sánchez, Jesús Bosmenier, José Soto, Pototo Valle y la tríada médica.

Los éxitos no son individuales y sí colectivos, por eso nombro a los héroes anónimos tras los resultados. Una vez culminada la serie, comenzó la vorágine del Preolímpico de las Américas y la Copa del Caribe de Curazao.

Para sorpresa de varios, tres de los cuatro directores involucrados en las semifinales participaron en dichos eventos. Armando Ferrer (Matanzas) llevó las riendas de la armada cubana que no pudo obtener el boleto a Tokio 2020, lo acompañó en esa difícil tarea el experimentado Carlos Martí (Granma).

Para Curazao fue designado Pablo Civil (Las Tunas). A la postre, la mayor de Las Antillas tampoco ganó. Dos competencias, dos fracasos.

Me resultó raro que dentro de más de 12 entrenadores elegidos para ambos equipos Cuba no apareciera el nombre de Alexander Urquiola.

Urquiola fue el director debutante en la 60 Serie con mejores resultados durante la contienda, y fue el único director semifinalista que no fue tomado en cuenta para (Curazao y el Preolímpico).

Ante tal situación abordé a Ernesto Reinoso, en aquel momento Comisionado Nacional de Béisbol, y sus palabras fueron amables. Me explicó sobre la inexperiencia de Urquiola para tamañas responsabilidades, pero me aseguró (tengo las declaraciones guardadas para el que tenga dudas) que Alex estaría junto a Eriel Sánchez en el Mundial Sub-23 y el Panamericano de Cali.

El directivo hizo énfasis en que había que preparar a los relevos, y que Urquiola Jr. por su juventud iba a recibir varias oportunidades en competencias internacionales.

La realidad es otra. Tras la pérdida irreparable de Reinoso, los papeles se fueron de lugar. La Comisión Nacional (sin comisionado) tiró por tierra la labor y el legado de un hombre que luchó por y para la pelota.

Alexander no fue incluido en el colectivo al Mundial Sub-23 y estoy convencido de que para el Panamericano de Cali tampoco. Ojalá y estas letras lleguen a los que están detrás del buró disponiendo de la pelota.

Alexander continúa en su casa, nadie lo ha llamado ni lo llamará. Sabemos de antemano cómo funciona el fenómeno del olvido y las «omisiones involuntarias» en el deporte de las bolas y los strikes.

No hay una cara visible, no hay una explicación certera para muchas preguntas. Los equipos salen porque sí al igual que los entrenadores.

Lo que más duele es que Reinoso lo venía haciendo muy bien para que otros rompan la secuencia, el legado y la línea de trabajo certera que estaba sumando y no restando.

Por el momento, Alexander Urquiola está tranquilo y deseoso de seguir aprendiendo. La pelota es su mundo, pero le ha jugado una mala pasada. Los secuaces del olvido han ido sobre él sin motivo. Espero que algún día se haga justicia.

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