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El pitcher que tuvo que elegir

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El pitcher que tuvo que elegir
Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro

Hasta la zona más baja de Puerto Esperanza Ian llevó el mar. Al devolverse las aguas a su origen arrastraron consigo pérdidas materiales, ilusiones, corazones apretados…

Las historias de los lugareños a veces sorprenden. De pronto ya no se habla de ciclones, sino de pelota. De gente dura pero humilde, de quien hizo mucho y hoy prácticamente se quedó sin nada. 

En la zona más baja de Puerto Esperanza, pegadito a La Camorra, vive Arcadio Martínez Basabe. Quizás, los más entendidos en temas beisboleros o los cercanos a la época recuerden al joven pitcher que solo jugó siete series nacionales con Pinar del Río y a los 25 años decidió abandonar el deporte activo.

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“Era la época de Emilio Salgado, Raúl Álvarez, Pedro Pérez. Gané 25 juegos y perdí 18. Terminé con 2.89 de promedio de carreras limpias”.

“Buenos números”, acota una voz a sus espaldas. “De cuando la pelota era dura de verdad”.

“Ahora también es dura, lo que no hay es disciplina”, dice Arcadio mientras se dispone a contar su historia, guardada en lo más recóndito del poblado y que descubrimos de casualidad.

“Nací en San Cayetano. Prácticamente no me gustaba la pelota. Una vez Marcos Páez, quien era coach del equipo nacional y vecino mío me vio por la calle y me llamó. Él era pitcher, me pidió que le sirviera de catcher, entonces empecé a recibirle lanzamientos, pero me aburrí y le dije ‘dame acá que voy a tirar yo’.

“El resultado de aquello fue llegar a la Serie Nacional Juvenil, y hasta discutir el novato del año. Fui a la preselección nacional, después me fui al Servicio Militar y me olvidé de la pelota”.

Pero aquello no quedó allí, de la provincia lo mandaron a buscar a la unidad para jugar en la Serie Nacional. “El primer año gané nueve juegos y estuve discutiendo el novato del año hasta el final. Éramos tres y se lo llevó el matancero Armando Sánchez”.

A partir de 1969, de la octava Serie Nacional en adelante y durante siete contiendas, Arcadio fue uno de los lanzadores derechos del equipo de Pinar del Río, incluso fue de los que ayudó en la construcción del estadio Capitán San Luis. Basta repasar algunos ejemplares de este semanario de la época para notar su desempeño.

“Me retiré cuando tenía que comenzar, a los 25 años, y fue todo por problemas económicos, ganaba muy poco, no tenía casa, pero sí tres hijos que mantener. Había que decidir”.

Entonces narra su paso por la agrupación ejecutora de obras en Las Minas y luego en el área del petróleo, su participación destacada en la zafra de los 10 millones y la condición de Vanguardia Nacional que recibió por dos años consecutivos cuando era ideológico del Comité Municipal de los CDR.

Con orgullo rememora sus dos misiones en Angola, pues fue uno de los pinareños que participó en las acciones de Kangamba y que luego regresó en el segundo grupo de la retirada de las tropas cubanas.

De sus días de atleta recuerda cuando Ferrer Pimienta, “El Pichazo”, como lo recuerda y Julio Duarte Alonso se graduaban de comentaristas deportivos de un curso impartido por Eddy Martin y Bobby Salamanca en el “San Luis”.

Luego comenta de la vez que lo convocaron a incorporarse a trabajar en el Inder, hasta que allí se jubiló.

“Cuando el Comandante estableció que aumentaran el salario de por vida de los atletas, a mí no fueron capaces ni de avisarme, eso era una tarea del Inder en el municipio. Pero no me gusta molestar a nadie.

“Fui al estadio cuando ya la gente estaba aburrida de cobrar. Ni tiempo le dediqué a eso, fíjate que no me acordaba ni de la entrada principal, y eso que lo ayudé a construir”.

Entonces hablamos nuevamente de Ian y de su azote al Puerto, de cómo el mar arrastró sus pertenencias y las de su esposa, de cómo ahora duerme en un sillón porque el colchón es un amasijo de guata podrida.

“Me pasé 40 años en la Defensa Civil y ayudábamos a todo el mundo. Aquí en Puerto Esperanza no hay un local para evacuar a las personas, mucho menos los bienes. Recuerdo que una vez nos evacuaron en Ancón, tremendo peligro porque es una zona montañosa.

“Es la tercera vez que nos pasa esto. Por aquí es por donde último se retira el mar, y lo que trae es terrible. Lo mismo pescado podrido, que los desechos de las calles, que aguas albañales. Esta vez ni siquiera pasó la comisión de evacuación”.

Conversamos en el temporal que hace cuatro años construyó junto a su esposa en espera de que le terminen la casa. Milagrosamente, la estructura quedó en pie y agradecen estar vivos.

El hablar pausado y directo de Arcadio compagina a la perfección con el gris de su pelo. Tiene voz y palabras de hombre sabio, de quien se ha curtido con el sudor y el esfuerzo de muchos años.

Aún conserva la esbeltez de aquel atleta que daba 12 ponches en seis entradas y no permitía carreras limpias. No se amilana ante las condiciones en que lo ha dejado el vendaval, en su sangre lleva el sello del trabajo como un día llevó el del béisbol.

En la zona más baja de Puerto Esperanza vive Arcadio Martínez Basabe. De él nos despedimos imaginando lo que quizás pudo ser para la historia del béisbol pinareño aquel joven de 25 años que la vida puso a elegir.

Foto: Jaliosky Ajete Rabeiro

(Tomado de Guerrillero)

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