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Una cuestión de honor en medio de la noche más cerrada

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Cuando todo apunta a que el tiempo se nos ha acabado en esta nave redonda y solitaria -que da vueltas y vueltas en el espacio, como un punto en medio de la inmensidad- consuela que siga en pie la voluntad de romper lanzas por el ser humano, aun cuando la “civilización” vive su noche de mayor incertidumbre.

NUEVA YORK.-El presidente colombiano Gustavo Petro tuvo que esperar, desde el podio, a que la sala volviera a un orden básico, porque cuando este martes en el Debate General del 78 Periodo Ordinario de Sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, el Presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, terminó de hablar, muchos salieron disparados a saludarlo.

El rostro de Petro era el de la paciencia, el de la espera serena desde el podio en el gran plenario. Cuando el mandatario del “país de la belleza” -como él mismo se describe- pudo hacer uso de su derecho a la palabra, fue contundente: Este año que ha pasado, dijo, ha sido un fracaso para la humanidad.

Mencionó entonces verdades amargas: los hombres han lanzado perros contra sus semejantes, han hecho cárceles, y hacen la guerra. Y mientras que el reloj ha avanzado en los minutos que definen entre la vida y la muerte, “decidimos perder el tiempo matándonos”, denunció Petro, quien comparó a la dinámica del planeta con la historia terrible que se cuenta en la saga fílmica “Los juegos del Hambre”.

“Como presidente de Colombia, les propongo acabar la guerra para tener el tiempo de salvarnos”, expresó el mandatario, quien habló del enorme huracán que se ha desatado en la Tierra contra todo lo viviente.

Los objetivos de desarrollo humano no van a ser alcanzados, afirmó Petro, quien tiene la convicción de que “lo que se ha sembrado es la injusticia en el planeta”.

Salvar la vida requiere una época de cambios, y es urgente. Cambio y vida son sinónimos, dijo el dignatario, quien finalmente pidió a todos “expandir el virus de la vida por las estrellas del universo”.

Ojalá esa idea tan hermosa, poética, pudiera convertirse en algo medianamente tangible. Lo terrenal es que en el debate de las Naciones Unidas fueron escuchados demasiados lamentos: hay naciones prácticamente sin acceso al agua; los éxodos humanos son impresionantes; la solidaridad parece una palabra de otras épocas; los conflictos entre naciones parecen ser el nuevo virus contra el cual no existe antídoto -como vaticinó el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz; el terrorismo causa estragos en todos los órdenes de la vida; y las catástrofes naturales se han convertido en el pan nuestro de cada día.

Por lo que se habló en la sesión plenaria, la solidaridad y la paz son los únicos caminos posibles para poner a salvo la sobrevivencia de la humanidad. Sin contar que la suerte del planeta tiene que ser vista como algo que sobrepase las decisiones de las cinco potencias del mundo.

La otra verdad es que, en un planeta marcado por las guerras, nadie podrá estar seguro; por lo que urge, como se dijo, forjar una arquitectura de gobernanza global que sea capaz de acunar a la diversidad humana.

Hablando del mundo al revés -como lo describiera Eduardo Galeano-, duele que a los malos se les quiera hacer pasar por buenos, mientras que a una Isla como la de Cuba, desvelada por la dignidad de todo ser humano, esté donde esté, se le mantenga en una lista de países “patrocinadores” del terrorismo.

El mismo Petro dijo cuando subió al podio en la Asamblea General de la ONU: “Llegué a La Habana, país injustamente bloqueado, al que un presidente de mi país sugirió y lo logró, que se le incluyera en la lista de países terroristas, solo porque había ayudado a hacer la paz en Colombia”.  

Con todo lo que debe arrostrar por su vocación de humanidad, con lo que pesa un bloqueo que le aprieta la garganta, Cuba no extravía su faro de amor y de desvelo por los destinos de nuestra especie: En sus palabras en el debate de las Naciones Unidas, este 19 de septiembre, el Presidente Díaz-Canel Bermúdez compartía ese espíritu de desvelo a través de una verdad que ilustra cuán lejos estamos de alcanzar esa condición que llamamos lo humano: “En pleno siglo XXI -dijo el dignatario- ofende a la condición humana que casi 800 millones de personas padezcan de hambre en un planeta que produce lo suficiente para alimentar a todos; o que en la era del conocimiento y de desarrollo acelerado de las tecnologías de la información y las comunicaciones, más de 760 millones de personas, dos terceras partes de ellas mujeres, no sepan leer ni escribir”.

En medio de ese panorama que va de gris a negro, alienta -como alientan las palabras de los caballeros cuando incluso las noches son cerradas- que el Presidente Diaz-Canel Bermúdez haya dicho que “siempre será un honor luchar por la justicia, compartiendo las dificultades y los desafíos con los pueblos del Sur, dispuestos a cambiar la historia”. 

Cuando todo apunta a que el tiempo se nos ha acabado en esta nave redonda y solitaria -que da vueltas y vueltas en el espacio, como un punto en medio de la inmensidad- consuela que siga en pie la voluntad de romper lanzas por el ser humano, aun cuando la “civilización” vive su noche de mayor incertidumbre.

(Tomado de Presidencia Cuba)

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