Hay una cifra que duele y que, sin embargo, pocos conocen: siete de cada diez perros en el planeta no tienen un hogar. En total, se estima que unos 200 millones de perros viven en las calles, sin cuidados, sin alimentación regular, expuestos al hambre, las enfermedades y el maltrato. Y no, no estamos hablando de una realidad lejana. Estamos hablando de las esquinas de su barrio, de los descampados a las afueras de su ciudad, de esa mirada triste que cruza con la suya mientras usted va al trabajo.
duele más cuando sabemos que la mayoría de estos animales no nacieron en la calle, fueron abandonados. Las razones, casi siempre, son evitables: problemas económicos que no se previeron al adoptar, camadas no deseadas por falta de esterilización, o el simple desconocimiento de lo que implica tener un animal.
Detrás de cada perro o gato que hoy mendiga en una acera hay una historia de irresponsabilidad humana. Y eso, si lo pensamos bien, es lo más doloroso: ellos no eligieron estar ahí.
Adoptar en lugar de comprar, esterilizar para evitar camadas que nadie va a cuidar, denunciar el maltrato, colaborar con los refugios, aunque sea con una donación pequeña o unas horas de voluntariado. Porque el problema tiene solución, pero necesita que cada uno de nosotros deje de mirar hacia otro lado.
Así que , cuando pase junto a un animal en la calle, no lo ignore. No hace falta que se lo lleve a casa si no puede, pero sí puede darle agua, avisar a un refugio o simplemente recordar que esa criatura tiene ojos que miran, un corazón que late y un derecho a ser tratada con dignidad.
Porque, como bien dice Mahatma Gandhi, «la grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados por la forma en que tratan a sus animales», .Y nosotros, como sociedad, tenemos aún mucho que demostrar.









