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 Inclusión que habla de amor

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Linnet Godínez, residente en el Reparto Capó de Pinar del Río, narra la historia de su hijo con Trastorno del Espectro Autista y sus ojos reflejan la firmeza y el amor de una madre cargada de esperanzas.

«Fue hace cerca de dos años que conocimos el diagnóstico y quedamos en shock, muy duro realmente. La gente nos decía que tenía estereotipia de ser autista, pero albergábamos la esperanza de que no….». Así nos comentó, y bastaron solo minutos del diálogo para mostrar la satisfacción que hoy la embarga ante el avance de su niño, ya con seis años.

Luis Giraldo Acosta Godínez es el nombre del pequeño que hoy cursa el primer grado en el Seminternado Vladimir Ilich Lenin de la urbe cabecera. Los estudios realizados demostraron que en este tipo de centro, al no presentar discapacidad intelectual, podía estudiar y aprender.

El colectivo de la institución lo acogió con entrega y compromiso.

A juicio de su Directora, la Licenciada Neysi Betancourt Ramírez, Luis Giraldo es disciplinado, respetuoso y no tiene nada de agresividad, de ahí que todos lo quieren y tratan de ayudarlo.

De manera similar opina la Psicopedagoga Angélica María Ferrán Vázquez, la que resaltó que el niño es un autista funcional que gusta mucho de la matemática y capta con facilidad los sonidos y las letras, criterio al que se sumó la Coordinadora General del primer momento del desarrollo, Licenciada Yolanda María García Blanco.

 Al conversar con la Especialista de Autismo de la Dirección General de Educación en la provincia, Máster en Educación Especial Aracelys Cabrera Roque, conocimos de la atención que se les brinda a unos 215 autistas pinareños en escuelas especiales y en la enseñanza regular, con terapias personalizadas que les permiten mejorar considerable su calidad de vida y desenvolvimiento social.

 Lo anterior, precisa, es la continuidad de un programa que comienza con una evaluación y un diagnóstico exhaustivos, lo que posibilita maximizar su potencial al desarrollar una estrategia basada en las fortalezas y desafíos únicos del autista.

 Lo cierto es que una gran familia, más allá de lazos de consanguinidad aboga porque Luis Giraldo y los que como él son autistas, asuman el reto que la vida interpuso en su camino.

No hay expresiones de derrota cuando se yerguen el amor y la constancia como bases de la formación ciudadana, el desarrollo y la equidad.

 No hay que tener miedo, el camino es difícil, pero no faltan los «te quiero» y los abrazos, ni el beso dulce que alienta y reconforta, al igual que todo lo que denota su evolución». Así dijo Linnet, la joven madre que da riendas a su vida y ya la hizo acompañar de otro pequeño, que junto a Luis Giraldo son sus razones para seguir adelante.

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