En el entonces cine Riesgo, hoy Pedro Saidén, la matiné infantil siempre era motivo para que se llenara de menores acompañados por su padres, que deseaban disfrutar la magia del séptimo arte.
Mi papá y yo nos sentamos en el segundo piso del cine, muy cerca de una de las puertas. Yo me había quitado los zapatos y tenía los pies sobre la butaca para estar más cómodo, rememora quien no narra ese suceso a la Agencia Cubana de Noticias por primera vez; pero insiste en hacerlo nuevamente a propósito del intento de infiltración armada con fines terroristas, ocurrido en Villa Clara, por una lancha rápida procedente de Estados Unidos.
De acuerdo con varias fuentes, el Movimiento Insurreccional de Recuperación Revolucionaria fue una organización paramilitar nacida en Estados Unidos, responsable aquel 28 de mayo de las lesiones de 26 niños y 14 adultos.
Por mucho tiempo no pude montarme en una guagua llena de gente, ni permanecer en sitios cerrados; y hoy todavía no puedo estar en el medio de una concentración de personas, explicó a sus 69 años desde su oficina en la dirección general de Educación, en Pinar del Río.
Fue un acto premeditado y cobarde, escogieron bien la hora para hacerlo y las posibles víctimas, asegura el doctor en Ciencias de la Educación, asesor general del Trabajo Metodológico.
Las personas muchas veces no tienen una dimensión total de lo que significa encontrarse en una situación así; pues no solo tiene implicaciones físicas sino psicológicas.
Yo me atendí con un especialista porque, además, cuando había una tempestad y yo estaba en la escuela quería irme para mi casa porque pensaba que no podría salir. Me generó una inseguridad enorme por varios años y sentía la necesidad de protección, apunta.
Es una huella que no se borra jamás, sobre todo si te ocurre siendo niño. Y desde 1959 Cuba ha estado en el «ojo» de acciones terroristas, señala Pacheco Rodríguez.






