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«Una de las profesiones más humanas que existen»

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A 31 años de haber salido de las aulas para lidiar, día tras día, con las enfermedades, el dolor y hasta con la muerte, el enfermero Noel Hernández Roque no lo duda: «Si tuviera la posibilidad de echar el tiempo atrás y volver a empezar de cero, escogería este mismo camino».

En su larga trayectoria profesional ha cambiado de servicio varias veces; ha cumplido misiones internacionalistas en América Latina, África, Asia y Europa; ha sufrido y ha tenido que endurecerse ante paisajes dantescos, como aquel que dejó el terremoto en Haití, con las morgues repletas de cadáveres y los camiones cargados de cuerpos para darles sepultura en una fosa común.

«He visto cosas muy duras», dice. Sin embargo, asegura que también ha tenido muchos momentos gratificantes, de personas que han recuperado su salud y le han agradecido, de la vida triunfando sobre la muerte, y eso, para Noel, tiene un valor incalculable.

Cuenta que se hizo enfermero por vocación: «Yo estudié esto porque es lo que me gusta», y que lo hizo siguiendo el ejemplo de su mamá, que no era trabajadora de Salud Pública, pero conocía de hierbas medicinales y tenía el don de curar, allá donde transcurrió su infancia, en la zona de La Sabana, en el municipio pinareño de San Juan y Martínez.

«Yo veía que le traían niños y personas adultas para que los santiguara, les pasara la mano. Eso me fue despertando la curiosidad y la admiración de saber que mi mamá hacía el bien, y se convirtió en un ejemplo para seguir».

Con diplomados en cuidados intensivos, urgencias y emergencias médicas, y unidades quirúrgicas, ha trabajado en las salas de Medicina Interna, Recuperación, el Salón de operaciones convencional y el de Oftalmología, en el Hospital General Docente Abel Santamaría, de la ciudad de Pinar del Río.

Como parte de la brigada Henry Reeve, ha laborado también en Haití, Venezuela, Mozambique, China, Italia, Guinea Conakri, luego de terremotos, huracanes, brotes de cólera, de ébola, de la covid-19.

En ellos, no solo ha conocido de la solidaridad y de la gratitud de las personas, sino, además, del acoso hacia todo lo que se asocie con Cuba y tenga un mensaje de solidaridad y de altruismo.

«Dondequiera que estén las misiones cubanas, siempre va a existir la mano negra de quienes tratan de desacreditar a nuestra Medicina», reconoce Noel.

No obstante, advierte que «los profesionales cubanos estamos capacitados para trabajar a cualquier nivel. Es algo más que comprobado.

«Nuestro personal de la Salud ha sabido ganarse el respeto y el cariño por su calidad, y porque no abandona el método clínico. En el mundo, no todos los que se dedican a esta labor le ponen la mano encima al paciente, lo tocan, y eso es algo que transmite confianza».

Entre las experiencias que más le han impactado está la del combate contra la epidemia de ébola, en Guinea Conakri, de la que voces malintencionadas llegaron a augurar que los colaboradores de la Isla no sobrevivirían.

«Hubo quienes dijeron que íbamos a morir, porque nunca habíamos trabajado en una pandemia de tanta complejidad, pero le demostramos al mundo la preparación que tenemos».

Guinea, aun así, le dejaría huellas profundas. «Con el ébola murieron familias completas, niños, hermanos, padres, madres, abuelos, primos».

Noel recuerda que «se dieron muchos casos en que en una misma sala fallecieron la mamá, el papá y quedaron los niñitos solos, llorando, sin comprender bien qué pasaba, buscando por todo el lugar a sus seres queridos, que ya no estaban».

Aunque han pasado varios años, la voz se le quiebra y sus ojos se humedecen.

«Son cosas que te marcan para toda la vida», confiesa. Algo parecido le sucede cuando repasa sus primeras jornadas en Haití, ante un escenario que una periodista describiría como «el infierno de este mundo».

«Parecía que habían tirado una bomba nuclear, por la devastación, la cantidad de cadáveres. Aquello destrozaba el alma.

«Para trabajar allí había que tener una fortaleza mental muy grande. No todo el mundo está preparado para ver ese tipo de cosas».

Dice que en materia de Salud Pública, detrás de cualquier éxito siempre hay un trabajo en equipo, y que por más experiencia que se tenga, uno nunca termina de aprender.

En Italia, por ejemplo, un país altamente desarrollado, recuerda que tuvieron que esforzarse para lidiar con una tecnología muy moderna, que nunca habían utilizado.

«Cuando llegamos, existieron algunos equipos que se nos hicieron complejos, como ventiladores pulmonares y gasómetros de última generación, pero pasamos un curso de una semana y aprendimos a usarlos, porque el principio de funcionamiento es el mismo de los que tenemos acá. Así que, a los pocos días, estábamos trabajando codo a codo con los colegas italianos».

Enamorado de su profesión, advierte que en estas tres décadas también ha tenido muchos momentos de alegría.

«Sobre todo, cuando tú salvas una vida y ves que esa persona, que estaba muy grave, finalmente se recupera y te da las gracias. Para un profesional de la Salud, no hay momento más reconfortante que ese».

Por su consagración y su entrega ha recibido numerosos reconocimientos y condecoraciones. Entre ellos la Orden Lázaro Peña, la Carlos J. Finlay, la medalla Hazaña Laboral y la 60 Aniversario de las far.

A pesar de los riesgos, los sacrificios, los desvelos, Noel se considera afortunado por poder ejercer una profesión que le apasiona y que considera «entre las más humanas que existen.

«A mí me gusta hacer cosas por los demás. Es algo que me da tranquilidad y satisfacción personal. Hay una frase de Martí que dice que ayudar al que lo necesita no solo es parte del deber, sino de la felicidad, y yo coincido con él completamente».

(Tomado de Granma)

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