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Cira con C de constancia

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Aunque su piel casi se niega a envejecer y ya peina canas, Cira Caridad Díaz Rodríguez está a punto de cumplir 85 años, una mujer que sabe muy bien lo que significan el sacrificio y la constancia.

Nacida el 8 de junio de 1941 en Maternidad de Línea, en La Habana, llegó a Pinar del Río con solo cuatro años junto a su hermano y madre, luego de la separación de su padre.

Mi mamá era sirvienta en la casa de un español, ahí hacía varias labores domésticas, y con tremendo esfuerzo logró que nosotros estudiáramos hasta el sexto grado, explicó a la Agencia Cubana de Noticias.

Cuando terminé en la escuela me fui para una escogida de tabaco a trabajar y me pagaban tres kilos por cada cuje; eso era muy poco, pero yo sentía que así ayudaba a la familia.

Foto: Evelyn Corbillón Díaz

Unos años después del triunfo de la Revolución cubana nos movilizaron a un grupo de jóvenes para la Columna Juvenil del Centenario, en la cual se realizaban diferentes labores de impacto social, y a mí me pusieron en la parte económica, apuntó.

En 1973 pasé al Ejército Juvenil del Trabajo, el mismo año que di a luz a mi único hijo. Hice la facultad obrera por las noches, mientras trabajaba, y mi mamá me ayudó muchísimo con el niño, dijo. 

 Y como las casualidades no están escritas, le dieron la carrera de Derecho, que tenía una extensión en Pinar del Río y siempre le gustó. Después supo que el 8 de junio es el día del jurista cubano.

Desde que me gradué en 1982 he ejercido esa profesión con amor y total apego a la ley.

Existía por aquellos años el llamado arbitraje estatal y ahí comencé; luego pasé al Tribunal Provincial como jueza en la sala de lo económico, de 1990 a 2003.

¿Quién diría que una mujer negra y pobre llegaría a universitaria y jueza? Si no hubiera triunfado la Revolución, no hubiera podido cumplir mis sueños. Quizás fuera sirvienta como mi mamá, destacó.

Eso solo fue posible gracias a Fidel, un hombre adinerado que lo dejó todo por defender los ideales en los cuales creía y a gente como yo, al pueblo, en definitiva, sin importar la raza, pues todos somos seres humanos, refirió.

Mi hijo -licenciado en Cultura Física- y mi nieta no tuvieron que pasar lo mismo que yo, transitaron normalmente por los diferentes niveles de enseñanza, detalló.

Foto: Evelyn Corbillón Díaz

Cira llegó hace 23 años, ya jubilada, a la Empresa de Transporte Agropecuario, perteneciente al grupo empresarial Tabacuba. Y allí continúa en calidad de asesora jurídica, porque se niega a abandonar a esa familia grande que siente suya.

Conoce la entidad como la palma de su mano, recorre los pasillos con el orgullo de saberse querida por todos y aunque su andar es más lento, todavía se encuentra en plenitud de facultades.

Muchos han sido los cambios de la empresa en más de dos décadas, y todos los documentos legales que los avalan llevan la huella de su sapiencia.

Única de su tipo en Cuba, considera a la entidad sostén del tabaco, pues se encarga de trasladar el combustible y los insumos necesarios para el principal rubro exportable de la agricultura cubana.

Seguiré aquí mientras esté lúcida y tenga fuerzas; ellos tampoco quieren dejarme ir. Si estoy enferma me llaman y me niego a dejar de ver a esta familia, sonríe.

Tomado de Agencia Cubana de Noticias

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