Juan Suarez Blanco parece concebir toda su obra desde lo alto de una gran montaña (especie de morada); Este es un creador cuya metodología, rigor y disciplina han sentado cátedra en un núcleo considerable de artistas visuales que ven su producción simbólica como un referente incuestionable de obligada cita. A grandes en su obra se hacen palpables los nexos con la abstracción, el neoconceptualismo y el objeto esculturado entre otros, piezas que en muchos aspectos guardan una estrecha relación con tópicos extraídos de la historia del arte, la religión, la migración, filosofía y el llamado arte contemporáneo con sus ‟peliagudosˮ mecanismos de construcción, promoción y circulación.
Juan constituye uno de esos contados creadores que subordina completamente el material al núcleo conceptual que desea narrar en cada propuesta; En aras de concretar ese objetivo ha operado sobre la base de los más diversos soportes, procedimientos técnicos y materiales ( ya sea creando el objeto completamente con sus manos o reconstruyéndolo en función de su discurso ideoestético), modalidades como el dibujo, la pintura, instalación y el arte objetual han ocupado un sitio protagónico, logrando una excelsa puesta en escena y con ello proyectar una especie de ‟murallaˮ consagratoria de probada madurez y oficio envidiable que, desde el punto de vista conceptual no ha cedido en su búsqueda incansable por conectar al hombre dentro de un tiempo y espacio dialógico con su universo.

Un elemento fundamental dentro de su poética son los archiconocidos bocetos, esa especie de estructura constructiva (en su mayoría dibujados a líneas) donde se ilustra una buena parte del núcleo estructural de la obra desde la forma y el contenido. Juan le concede a estos una importancia ineludible, donde el acto de dibujar con carácter detallado, la factura, la composición, los suplementos verbales descriptivos y la limpieza entre otros, nos colocan de manera directa ante proyectos de un alto vuelo estético (en espera de una puntual exhibición) que no parecen requerir otro tratamiento y recreación en otro soporte.
A lo largo de sus más de cinco décadas de ininterrumpida producción, su obra y metodología de concepción y construcción ideoestética se ha convertido en una verdadera carta de triunfo y referencia, bálsamo indeleble contra cualquier tipo de “moda” y preferencias en “boga”, algo que el autor ha mantenido a raya todo el tiempo, quizás porque siempre ha intentado profesar desde la dialéctica de la vida lo que dicta de manera epistemológica algunos de los títulos de sus obras; Tenemos que mantenernos todo el tiempo cargados de ‟Municiones para el invierno, permanecer alejados de los ‟Signos del desierto y del ‟Vaivén de las tempestades, aunque siempre tenemos que intentar ‟Prolongar los límitesˮ, por muy oscuro que se nos presente el horizonte.









