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Vanguardismos Provincianos

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En los últimos años se ha hecho muy evidente la utilización de la palabra “vanguardia” para referirse a un grupo considerable de jóvenes escritores y artistas cubanos menores de treinta y cinco años de edad en sus distintas disciplinas del arte, una suerte de aval y “credencial” que al parecer necesita ser presentado como portada, y después…el “arte”. Quien suscribe, durante más de una década formó parte activa de la Asociación Hermanos Saiz (AHS) de Pinar del Río y hace aproximadamente ocho de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) en la sección de Artes Visuales y puedo afirmar con absoluta seguridad que jamás me ha pasado por la mente creerme la “pose” de “vanguardista”. 

En mi caso particular desde que comencé a estudiar con cierta “disciplina” y “rigor” el fascinante universo de las Artes Visuales, sobre todo las registradas en los gruesos anales de la basta y sustanciosa historia del arte que me ha precedido siempre que escucho la palabra vanguardia me asaltan a la mente dos cuestiones fundamentales: la esencia de su concepto que, a grandes rasgos, no es más que movimientos artísticos revolucionarios que rompen con la tradición…, ypor otra parte, mas allá de la cuestión  grupal, no es suficiente pertenecer, hay que serlo.

Quizás por ello propagar y autoproclamarse como miembros de una “vanguardia” del arte, sobre todo se ha convertido en una especie de “himno”, “slogan”, “moda”, “hit parede” y “plaza pública”, donde al parecer todo cabe y nada sobra, desde el joven que acaba de entrar a una organización sin apenas tener una cuartilla de CV, hasta el llamado “consagrado” que lleva más de tres décadas repitiendo la misma estética sin hacer el mas mínimo aporte y variación en su producción simbólica, elementos que me conducen de manera inevitable a formularme una pregunta teniendo en cuenta lo que se percibe sistemáticamente en nuestra red de galerías, : ¿Cuál es la verdadera vanguardia del arte a la que pertenecen? ¿Cuáles han sido los aportes? ¿Bajo qué criterios y requisitos se otorgan tales nombramientos?

Breve y objetivamente intentaré circunscribirme para este análisis dentro del campo de las Artes Visuales, por ser mi “territorio” de estudio (aunque también pudiera ser muy válido su aplicación al resto de las manifestaciones) dentro de nuestro entorno provinciano y tener al menos una idea de la situación real de nuestros creadores bisoños,  los que son “lanzados” y colocados automáticamente, una vez que hayan entrado a la organización que los aúpa,  como ilustres “vanguardistas”.

Lo primero que debemos hacer es establecer una breve comparación con otros creadores, no solo de otros periodos, sino de otras provincias, incluida la capital, analizar rigurosamente las obras y sus procesos creativos, salones, promoción y circulación nacional, mercado, reseñas, premios, becas entre otros, y este medidor nos permitirá despejar algunas dudas.

¿Cuál o cuáles son los elementos que aportan las obras de los jóvenes “vanguardistas” que rompen no solo con el precedente histórico sino también con el de sus contemporáneos? ¿Cuántas exposiciones personales dentro o fuera del territorio provincial han realizado en la última  década?, ¿En cuántas muestras personales y colectivas han participado en las galerías que pertenecen al circuito de la capital cubana?, ¿En cuántas bienales de la habana han participado?, ¿Cuantas muestras personales o colectivas han realizado fuera del territorio nacional?, ¿Cuántas revistas especializadas como arte cubano o noticias de arte cubano u otra han promovido su obra?, ¿Cuantas voces desde el ejercicio del criterio han hecho referencia o reseñado su obra?, ¿Cuántos premios, becas o menciones en eventos han obtenido?, ¿En cuantas ferias de arte han participado?, ¿Cuántos libros, revistas y creadores tanto cubanos como foráneos relacionados con la producción simbólica más experimental y emergente conocen?

Los méritos enumerados anteriormente parecerían de otra galaxia para un joven creador, pero existen muchos, diseminados por casi todo el país y fuera del mismo, que han tenido este y otros reconocimientos sin colgarse del cuello el cartel de “vanguardistas”.

Enaltecer lo que atesoramos y promovemos con fuerza y orgullo no es malo siempre que se coloque en su justa medida, con todos los matices necesarios, eso sí, para ello habrá que dejar a un lado el velo, la venda, la guirnalda y el ornamento muy a tono por estos días.

Siempre he creído que un concepto errado, pero bien fundamentado, podría convencer a un auditorio, sin embargo una buena intensión, mal argumentada, nos dejaría sin la más mínima cuota de credibilidad y eso es algo que el arte, el verdadero, no se puede permitir.

Autor: Lázaro Prieto González

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