“Me confirmo todos los días que estudio Veterinaria por amor, por esta conexión profunda con la vida y el respeto por ella”, confiesa la joven Bárbara María Moreno Hernández, quien desde hace meses viaja a diario varios kilómetros para llegar hasta la clínica Vet Pet Pinar, donde realiza sus prácticas laborales.
Más allá del sacrificio que representa el trayecto, esta etapa ha representado para ella un peldaño clave en su formación y la certeza de haber elegido la profesión correcta.
“Todos no pueden gozar de esta bendita coherencia de sentir, ser y hacer cosas que te gustan”, reflexiona esta apasionada del cuidado de la salud y el bienestar animal.
Barbie, como le llaman cariñosamente, resalta que su labor posee una alta carga emocional y muchas veces quita el sueño.

“En ocasiones ese perrito o ese gato que llega a la clínica es la única compañía de su dueño y eso le adiciona un poco más de presión al trabajo que hacemos diariamente. Se habla poco de esa carga emocional que hay detrás de cada veterinario y que muchas veces no sabemos cómo controlarla.
“Podemos pasar la noche con insomnio, repasando un caso: qué salió mal, qué pasamos por alto, qué no vimos en ese momento. El mayor juicio que le hacen a los veterinarios, nos lo hacemos en primer lugar nosotros mismos”, continúa explicando.
Al preguntarle por la estancia en Vet Pet Pinar, la muchacha habla de crecimiento profesional, confianza y mayores habilidades. Asegura sentir orgullo de los profesionales que allí laboran para mejorar la salud de las mascotas y devolver la alegría a sus dueños.
Así, entre la responsabilidad que desvela y la satisfacción que da sentido a cada esfuerzo, Barbie construye su futuro; no como la estudiante que cumple un horario, sino como la veterinaria que ya es en su corazón: comprometida, sensible y consciente de que su labor alcanza la fibra más íntima del vínculo entre las personas y sus animales de compañía.
Tomado de Radio Guamá








