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Entre el choque y el impacto: Un acercamiento a la obra pictórica de Elvis Cellez

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Ante el inminente impacto visual de la propuesta pictórica de Elvis Cellez solo tenemos tres caminos a seguir: observar, tragar en seco y reflexionar.

Esta es una obra total, ya sea desde la forma y el contenido, dispuesta a ‟romperˮ y desdibujar toda concepción hedonista y decorativa que suele emanar frente a la representación pictórica académica más tradicional; Aquí se hacen palpables ciertos aspectos como el dolor personal y colectivo,  la filosofía pragmática y existencialista del hombre contemporáneo, el contexto y su dinámico termómetro social; Todo ello desencadenando en una especie de representación ideoestética autoreferencial (muy personal) que lo coloca bajo la mirada del espectador como una parte sustancial de la lectura de sus registros narrativos.

Elvis asume la representación pictórica del hombre y su contexto como ce(n)tro y detonante del discurso en su más amplia concepción, dimensión y significado, colocándolo (casi siempre) en una encrucijada y ‟algoritmoˮ metafórico específico para cada situación que, en la mayoría de los casos parecen desbordar desgastes físicos, mentales, soledades, miedos, nostalgias y angustias que parecen establecer cierto paralelismo con el ‟límite de la vidaˮ; Así lo certifica la obra Grito del silencio, Óleo sobre Lienzo 116 x 89 cm, 2002.  

Se pudiera afirmar que dentro de su reiterada praxis estética parece proyectarse sobre la base de un “happening” o la “performance” en el sentido de conectarse directa y crudamente con el espectador, aquí el manejo formal para la construcción de cada composición y su respectivo diseño suelen ser rigurosamente calculados, creando en algunos casos cierta atmosfera cinematográfica, paradójica y visceral que se anexa dentro de un concepto cuyo “foco” narrativo es dramático y teatral, peliagudo y sarcástico, contundente y letal frente a los ojos de todos, tal y como se observa en la obra  Autorretrato con 50 000 000 000 de problemas, Acrílico sobre Lienzo, 156,5 x 156,5 cm, 2008 y Presente Continuo, Acrílico sobre lienzo, 150 x 119.5 cm, 2012 entre otras.

Otro aspecto de vital importancia dentro de su producción es el uso que le otorga al tratamiento del color, cuya paleta se torna cálida, impactante e incandescente a veces para tender un puente entre lo carnal y real como complicidad y atracción hacia todo el que se acerque. Para lograr tales fines, el autor explota hasta la saciedad una pincelada suelta, gestual, libre y neoexpresionista donde el uso del dripping, los empastes, las aplicaciones directas con las manos y la utilización de la espátula parecen conducir una buena parte de su poética, una exquisita mezcla entre el choque conceptual y el impacto visual, encontrando también en el uso de los suplementos verbales un catalizador y ‟controlador” de la esencia discursiva.

Esta es una propuesta que excede semánticamente el tamaño “bastidor” y la “tela” para convertirse en una de las “radiografías” más frontales y objetivas que pone de relieve al  hombre y su contexto de manera ‟teatralˮ, cuya puesta en escena no se cansa de emitir contantes clarinadas de alerta a sus actores acerca del destino y las posibles consecuencias  de permanecer inmóviles o activos, todo depende única y exclusivamente de nosotros. Por lo pronto el autor se ha encargado de descorrer en cada propuesta la cortina de una  aspereza y cruda realidad que nos abraza, solo nos queda presenciar el final de un grandioso espectáculo.

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