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El paisaje: un género en el adn cultural pinareño

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Cada latitud expuesta a partir de la creación lleva implícita su naturaleza ancestral, por ello el paisaje como revelador de identidades será siempre un continuum en el arte universal. Incluso la contemporaneidad, tan colmada de nuevos modos, descubrimientos y posturas, lejos de suprimir, aboga por la  inclusión de manifestaciones y discursos. Así se van entretejiendo estilos, manifestaciones y visualidades artísticas entre las que el paisaje no deja de ocupar un sitio clave.

Uno de los géneros que ha caracterizado a las artes visuales de Pinar del Río por mucho tiempo, ha sido precisamente ese. Y es cierto que proyectos como ¨2 + 2 no siempre es paisaje¨, curado por la académica y crítica de arte Amalina Bomnin (Villa Manuela, Unión de Escritores y Artistas de Cuba –UNEAC-, La Habana, 2005), han dejado claro que nuestros artistas manejan discursos compatibles con los de cualquier escenario contemporáneo, pero también es cierto que muchas líneas de creación del universo local se relacionan indiscutiblemente con la representación paisajística rural. Así, ocasionalmente acompañada de algunas incursiones en la exploración de ambientes costeros, nuestra campiña ha recorrido el mundo, a través de palmas, lagunas, mogotes, bohíos, guajiros y sembradíos, que han conformado una imagen singular del terruño pinareño. Unos han asumido la ruralidad entre naturalismo, realismo y romanticismo para regalarnos algunas de las más clásicas visualidades de nuestro entorno y otros han explorado la ruralidad a través de disímiles tendencias estéticas –sobre todo expresionismo, surrealismo, cubismo y abstraccionismo- para dialogar sobre presupuestos conceptuales que implican directamente al hombre, desde su accionar y responsabilidad individual y social. Siendo el paisaje uno de los géneros paradigmáticos dentro de las artes plásticas vueltabajeras, constituye una de las aristas a tener en cuenta si se habla de sentido de pertenencia e identidad.

Independientemente de reconocidos creadores y sobresalientes obras nacidas de los más contemporáneos géneros y modos de creación, incluso de los certeros abordajes del paisaje urbano, es innegable que por diversas cuestiones los parajes campestres han catapultado a Pinar con mayor empuje. Desde que Domingo Ramos –adoptado en espíritu como pinareño, por su impacto- visibilizara con tamaña fuerza el potencial lírico y metafórico de nuestra singular geografía, el sello del paisaje marcaría la creación en Vueltabajo. Herencia que ha sido cultivada y sostenida desde la fundación de la Escuela de Artes Plásticas y Aplicadas de Pinar del Río en 1946, entre otros artistas por Tiburcio Lorenzo, quien asumió el legado vanguardista que venía latiendo en la Academia San Alejandro, para propiciar un camino de búsquedas formales marcadas por la experimentación y la indagación sobre la identidad. Pasos que seguirían artistas como Liduvino Echevarría, Francisco Montesino, Águedo Alonso, Pablo Fernández, Raúl Fernández, etc.

Muchas han sido las maneras de ir asumiendo el paisaje a lo largo del medio siglo reciente. Desde la exploración sicológica del hombre, lo que es y lo que late en sus raíces, en las obras de Mario García Portela y Humberto Hernández –El Negro-. Las cuestionadoras historias, ironía y poesía de Pedro Pablo Oliva y Ulises Bretaña. Los desbordes filosóficos de Dausell Valdés, Jesús Gastell, Jorge Luis Ballart y Léster Campa. El hiperrealismo ecológico de Silvio Martínez. El expresionismo abstracto de Raúl García y sus vibrantes parajes. Los campos naife de Reina Ledón y Mario Pelegrín. Las incursiones de Félix Echevarría. Quisbel Lezcano, Gustavo Suárez, Giosvany Echevarría, Pedro Suárez, David Forteza, Julio César Ortiz, Armando Marrero y su tradición de bohíos, palmas, pinos, ceibas, guajiros, sembradíos de tabaco, cañadas, clara luz y plácidos espacios de aire, fertilidad y bienestar. La curiosidad antropológica de Reinaldo Uriarte. El surrealismo de Ramón Vázquez. Las elucubraciones satíricas de Alexis García (Mongui). El simbolismo de Abel Morejón. Las experimentaciones de Yoan Lorenzo. Las delicadas y medio distópicas figuras de Yudel García. Los increíbles, transparentes y casi fotográficos parajes de Yaciel Martínez. Jóvenes como Yunieski Blanco, Yerandi Torres y Raidel, Fidel y Carlos Miló desde el Grupo D’raíces. Las inquietantes esculturas e instalaciones de Yoemir Alfonso. Las propuestas conceptuales de Juan Carlos Rodríguez Valdés. El movimiento muralístico Pinar-Dusseldorf (Isaac Linares Guerra, Juan García Miló, Abel Morejón Galá, Ulises Bretaña, Luis Contino Roque), que desde 1991 impulsara la realización de murales en la ciudad, de franca vocación ecologista. Y la gran pauta que representa el proyecto artístico pedagógico Farmacia desde sus reconstrucciones del paradigma paisajístico.

Entre las invariantes de la creación a través del género paisajístico se encuentran el tabaco y el Valle de Viñales con sus jurásicos mogotes. Siendo proclamada Pinar del Río como “La tierra del mejor tabaco del mundo”, el tema aparece, curiosamente, más como complemento en las vistas panorámicas que como protagonista de escenarios. Por un lado algunos artistas han recreado la imagen del iconográfico Alejandro Robaina junto a su hoja, su casa, su gente o los procesos que le rodean y algunos se han involucrado en el diseño de humidores, específicamente con el trabajo directo desde las artes visuales. Por otro lado, artistas como Tamara Campo, José Luis Lorenzo o Miguel Ángel Couret han explorado más allá de la representación de símbolos tradicionales y sembradíos. Han dedicado obras y exposiciones a repensar el universo del tabaco desde sus implicaciones antropológicas y los factores que forman parte de los encadenamientos de dicha industria e influyen en fenómenos socioculturales.

El Valle de Viñales sigue constituyendo motivo de creación. Nadie como Ramón Vázquez ha tomado su pulso desde hace décadas –naturaleza y transformaciones mediante-, pero otros tantos no han renunciado a su versión del mágico lugar y hasta han coqueteado desde reflexiones satíricas con las mixturas culturales que el enclave, también turístico, ha venido propiciando.

Tal vez el caso más interesante con respecto al género en la provincia hoy es al que nos viene convidando Farmacia desde la 13 Bienal de La Habana, evento al que sigue siendo invitado desde entonces y para cuyo programa ha mantenido el capítulo denominado ¨ Paisajes cómplices ¨. Parajes más humanos que naturales, es cierto, pero precisamente por eso tan imprescindibles para interactuar hoy desde concepciones culturales más híbridas y diversas; para poder dialogar, comprender e intercambiar con otras realidades y sitios, incluso virtuales.

Aunque desaparezcan temporalmente, acá continúan emergiendo proyectos curatoriales, salones y espacios teóricos para problematizar sobre el arte y el paisaje. Los salones dedicados al género, colaterales al Salón 20 de Octubre que convoca el Consejo Provincial de las Artes Plásticas (CPAP), se fueron complementando con el Salón Tiburcio Lorenzo, que desde la filial provincial de la UNEAC aun constituye un baluarte en tal sentido. La galería Arturo Regueiro se encuentra inmersa en la III edición de Visiones del Paisaje, un evento que intenta pensar en el género desde la tradición y la contemporaneidad. Y por el estilo, el Festival Nosotros y la Feria Internacional del Libro en Pinar, han dedicado numerosas ediciones a dichos temas. Hoy se encuentran en pausa –por las circunstancias económicas- rutas culturales que aborden costumbres, rituales e identidades desde la creación asociada a este género e involucren la colaboración de instituciones culturales que puedan aportar y crecer con las conexiones que se establezcan y los procesos que se logren dinamizar.

En la crítica de arte se advierten nuevos caminos. A los valiosos documentos que atesoran los archivos y editoriales locales, especialmente los de la Revista Cauce, se van sumando libros tan valiosos como los de Jorge Luis Montesino Grandías ((Una escuela para el arte. Pinar del Río (1946-1958), Ediciones Loynaz, 2018 y Andar Pinar. Una mirada a las artes plásticas en Pinar del Río, (1990-1999), Ediciones Almargen, 2025, Editorial Cauce)) que dedican cruciales espacios al análisis del paisaje en las artes visuales pinareñas.

Y desde la creación, el género sigue atravesando perspectivas estéticas, enfoques artísticos, discursos éticos, circunstancias pedagógicas y voluntades para prevalecer.

Autora: Yania Collazo González

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