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Breve historia de los formatos musicales en los géneros populares cubanos

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El tres es uno de los instrumentos imprescindibles en la ejecución del son campesino/Imagen tomada de La Jiribilla.
Comentario especializado de la musicóloga Doris Cépedes Lobo en el programa Música Es:

La historia de la música universal y cubana, se ha venido definiendo por la sistematización de determinadas combinaciones de instrumentos, con la inclusión o no de voces o agrupaciones vocales, que han sido identificados como formatos.

En el caso de las expresiones populares cubanas, su formación ha estado estrechamente relacionada con la caracterización de géneros y las exigencias de oyentes y bailadores. También han condicionado su evolución, las particularidades locales en cuanto a tradiciones y disponibilidad de músicos para la incorporación a estos grupos.

Las primeras organizaciones de voces e instrumentos estuvieron relacionadas con las expresiones musicales antecedentes, principalmente hispánicas y africanas, entre las que destacan los llamados conjuntos campesinos, que destacaron por las interpretaciones de las diversas variantes del punto cubano.

La guitarra y el laúd, que acortó su brazo para ajustarse a las particularidades vocales del campesino cubano, hicieron las delicias de guateques y otras celebraciones en este contexto. A estos cordófonos se incorporó el tres, hijo cubano de sus antecedentes europeos, que pasó a enriquecer la sonoridad con el güiro, clave y otros instrumentos de percusión.

Las ciudades siguieron su propio desarrollo musical, y en ese contexto, otros formatos se convirtieron en medio efectivo para acompañar a los trovadores en descargas o serenatas.

Dúos y tríos se sirvieron de la tradicional guitarra y una adaptación del instrumento con la inclusión de la cejilla, para agudizar su sonoridad, o la construcción de variantes más pequeñas para asumir la función melódica; así el requinto complementó estas agrupaciones junto a dos voces que interpretaban sones, canciones, habaneras y otros géneros.

Desde finales del siglo XIX, comienzan a definirse otros géneros nacionales con una función eminentemente bailable; las influencias francesas principalmente, hicieron de la contradanza la sensación de los salones de diferentes clases sociales.

Surge entonces la necesidad de concebir, o formar agrupaciones que asumieran el acompañamiento de estos bailes, recurriendo esencialmente a una selección de instrumentos de viento y percusión procedentes de las bandas, que se dieron a conocer como piquetes típicos, a los que se añadieron los violines y el toque cubano en la percusión con la incorporación del timbal.

Contradanzas, danzas y danzones adquirieron gran popularidad hasta las primeras décadas del siglo XX, y las exigencias de los bailadores, propiciaron la modificación del formato, a partir de la sustitución del clarinete por la flauta y la inclusión del piano, también llegado a la Isla con la emigración de pobladores franceses. Al repertorio habitual de las charangas, como se le denominó a este tipo de agrupación, se incorporaron luego, danzonetes, boleros, chachachá y hasta los sones tradicionales.

Imagen tomada de Internet

La canción cubana, con un sentido más intimista, a pesar de asumir otras temáticas y significados en determinadas ocasiones, se sirvió en principio de la guitarra o el piano, pero al evolucionar a la inclusión de dos, tres o más voces, recurrió a diversas combinaciones que evolucionaron de los dúos o tríos hasta los formatos más variados, con la incorporación de instrumentos electrificados y percusivos diversos, nacionales o foráneos.

Una mención aparte para el son

El son, considerado el género que mejor sintetiza los procesos transculturales que bebieron de los diversos orígenes de la nacionalidad cubana, ha sido uno de los géneros condicionantes de la mayor diversidad de formatos en nuestra música popular.

Desde los conjuntos de changüí, donde el tres, la marímbula y el guayo, complementaron las funciones melódicas, armónicas y tímbricas; hasta las más actuales combinaciones, sirvieron de background a guarachas, montunos, songos y hasta la timba.

Destacan en estos tipos de agrupaciones, los ya mencionados tríos, o cuartetos, que rápidamente asimilaron el tres para la ejecución de los tumbaos; o el sexteto, que incluyó la botija, marímbula o contrabajo para asumir la función de bajo armónico.

La ampliación de los salones de baile, destinados a festividades con una mayor cantidad de asistentes y las propias motivaciones de autores e intérpretes, favorecieron la inclusión de una trompeta, a la que se sumaron otras dos, tumbadoras y el piano, contribuyendo a un enriquecimiento tímbrico, que definió las estructuras de los sones en la primera mitad del siglo XX.

Estas agrupaciones conocidas como conjuntos, fueron muy apreciadas por vocalistas y el público durante muchos años y se han establecido como uno de los formatos más populares de todos los tiempos.

Los conjuntos de son o sonoras, sufrieron posteriores transformaciones, al incluir otros instrumentos de viento, cuya sonoridad estuvo más bien relacionada con las bandas de diversos tipos. De ese modo, trombones y saxofones se incorporaron a la sección de los vientos para enriquecer la masa armónica; también se hicieron acompañar, esporádicamente, de violines, heredados de las charangas danzoneras.

Conjunto de Arsenio Rodríguez/Imagen tomada de Internet

La influencia de la música estadounidense, principalmente a partir de las aportaciones del jazz y el rock, tuvieron su incidencia en combinaciones vocal instrumentales, fundamentalmente en las décadas de los años cincuenta, sesenta y setenta del siglo pasado. Muchas orquestas big band, ganaron la aceptación del público mediante la interpretación de mambos o boleros; en tanto los combos se inclinaron a la ejecución de baladas, canciones y otras fusiones genéricas que se hicieron populares en aquel momento.

Estas combinaciones de sonoridades, han sido medio efectivo, para la concreción y difusión de obras y géneros que han pasado a conformar los catálogos de la música popular, no solo en nuestro país; sino en el resto del continente y otras latitudes; poniendo en evidencia la creatividad de nuestros artistas, a la hora de mezclar timbres, que faciliten la efectiva comunicación con el público de oyentes y bailadores.

Tomado de Radio Guamá

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