Arturo Montoto es un creador que a lo largo de su carrera le ha otorgado un lugar privilegiado al estudio de la historia del arte ¿en qué sentido? como fuente inagotable de referencias y donde le ha rendidouna especie de “culto” y homenaje de diversas formas y expresiones: un ejemplo de ello lo legitiman el dibujo, la pintura y la fotografía que ha ejercido (esta última constituye un aspecto sobre el que se tiene muy poca información y promoción sus aportes y urge un análisis exhaustivo acerca de todo el legado que ha dejado dentro de esta praxis estética) pero sin lugar a dudas la pintura ha ocupado un lugar cimero, no solo en cuanto a visibilidad promocional y legitimación sino también porque lo ha colocado dentro de un selecto grupo de creadores que incidieron de manera directa en la conocida restauración del paradigma estético de la pintura cubana.
Una buena parte de su producción simbólica ha estado ceñida en hurgar de manera directa, rigurosa y profunda acerca de los llamados ‟problemas de la representación” pictórica. Muchos de los contextos narrativos donde suelen desarrollarse algunas de sus tramas ideoestéticas están generalmente pobladas de ambientes que desde el punto de vista arquitectónico poseen cierto barroquismo; columnas a escala monumental, espacios cotidianos en estado de deterioro y penumbras, fachadas con graffitis, aparición de objetos inusuales en sitios inusitados y una mimesis fotográfica de cada representación que coquetea con la archiconocida naturaleza muerta o bodegón, pero muy alejada de sus postulados conceptuales.

Para la ejecución de una buena parte de sus obras Montoto utiliza una pinceladapaladeada y un uso del color exquisito y distinguido, respaldado por el uso de grandes formatos, creando un impacto visual seductor y chocante a la vez donde la convergencia de las texturas, el juego con las luces y sombras con cierto aspecto dramático parecen traducir una especie de representación visual “camuflada” ¿qué significa esto?, unapintura que parece “disfrazar” y “engañar” en su percepción básica y su discurso conceptual de trasfondo, algo que en mi opinión constituye uno de los planteamientos más profundos dentro del arte contemporáneo cubano. Montoto “sustrae” al ‟sujeto figurativo” para proyectarlo en una metáfora del “simulacro” cuyas situaciones han girado en torno a la existencia y sobrevivencia cotidiana del hombre, valiéndose de una puesta en escena que “maquilla” la esencia narrativa para “endulzarla” y “ensalzarla” con elementos del trópico, tales como naranjas, aguacates, mangos, cocos, melón, fruta bomba, calabaza, guayabas, plátanos entre otros, donde todo parece haber sido construido en aras de “distraer” la mirada frente a cada “manjar” y ponernos a prueba intelectualmente hablando; Solo basta con detenerse en los puntuales títulos que les ha otorgado a algunas de sus piezas, tales como: A la sombra de una bicicleta china, Retrato filosófico del trópico, El fin del decoro, Esperando el contenido, Desayuno sobre la Habana, Autoexpulsión del canon y El canon mutilado.

Refugiarse en su propuesta nunca tendrá como fin el mero deleite y contemplación apetitosa que suele desencadenar en su primer contacto, particularmente no recomiendo ese camino, hay que tratar de despojarse de esa apreciación elemental que parece colocarla en una pose de ornamento. Para mí cada puesta en escena no es más que un guiño, una especie de ilusión y mascara teatral que constantemente nos espeta, azota y proyecta las más crudas realidades que no se perciben a simple vista.
No obstante, los invito a un nuevo encuentro con su poética porque cada que vez que tengo el privilegio de hacerlo solo puedo aconsejar lo siguiente: “la más peliaguda de las realidades puede estar oculta en las más deliciosas y codiciadas apariencias”.









