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Viaje y recreación de un micro-contexto de maravillas en la pintura de Ramón Vázquez

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Uno de esos sitios paradisiacos de nuestro país donde se conjugan la armonía, belleza, sosiego y contacto permanente con la naturaleza es Viñales, lugar que presume además la distinción de Patrimonio Cultural de la Humanidad, razones suficientes para sentirse atraído y dispuesto a perpetuar una buena parte de su entorno por medio del arte, tal es el caso del artista visual Ramón Vázquez León, quien desde hace mucho tiempo ha sentido entre su alma, ojos y manos la impresionante aura cautivadora que emana de este paisaje natural.

Frente a la obra de Vázquez León llegan a nuestra mente de forma inmediata la clasificación de paisajística, preciosista o surrealista hasta pasar por erótica y satírica en algunos casos ¿a que se debe tal designación? por la amplia representación de una pluralidad de códigos ideoestéticos que habitan y convergen de manera armónica, referencial y poética en cada pieza: Lo cierto es que una de las principales premisas estéticas que ha mediado dentro de su producción simbólica ha sido la sui generis recreación de un contexto y espacio natural, algo que me conduce a pensar que su obra se ha construido sobre la base de inusitadas fabulas y fantasías como experiencia de vida del creador, marcado por la influencia de todo un imaginario local que ha encontrado un nexo referencial dentro del movimiento surrealista ¿resultado? la construcción de todo un discurso onírico y real donde la naturaleza lo ha conducido a traducir una especie de realismo mágico dentro del campo pictórico, una suerte de micro-universo ‟vázquezmilagroso”.

Para introducirnos hacia este mundo, el creador se ha adueñado de una pincelada exquisita y detallada, donde la supremacía y la gama de colores fríos en su mayoría parecen estar signadas y correlacionadas por el ambiente naturalista, refrescante y cautivador que ha encontrado en la aplicación de veladuras y trasparencias un asidero inagotable de expresión lírica y poética, donde la composición y el contraste de cada elemento dentro del escenario visual nos recuerda por momentos las indiscutibles referencias con la obra del Bosco.

No menos importante ha sido la “pequeña” pero puntual dosis de sátira que le inculca a muchas de sus piezas, un ejemplo de ello se evidencia en las obras: Temporada Alta 2, Óleo sobre Tela, 138 x 157 x cm, 2018-2019, El Guardián del Valle, Óleo sobre tela, 150 x 200 cm, 2017 y De la serie Nuevas especies anidan en mi valle, Óleo sobre Tela, 100 x 80 x cm, 2016.

Otros de los elementos que de manera recurrente e icónica se han impregnado en su propuesta son las conocidas y alegóricas palmas, mogotes, casas, aves, frutas, caracoles, mujeres y hombres que, en una confluencia de relaciones amorosas y sociales juegan a la vida dentro de un tiempo y espacio que parece ilimitado, una suerte de “éxtasis” visual que nos atrapa y seduce sin posibilidad de escape, una invitación a permanecer eternamente en su paraíso atemporal.

Su obra siempre ha estado ‟preñada” de códigos formales y conceptuales que se vierten y amparan dentro de los cánones de la fábula y la crónica social, ejecutándose metafóricamente hablando desde un sitio que suele guardar sus mejores secretos dentro de su propio espacio de convivencia, algo misterioso y mágico que para desnudarlo del todo habrá que adoptar algunos elementos del pensamiento de “Alicia en el país de las maravillas” debido que nos recuerda lo siguiente: “lo esencialmente hermoso es muy probable que escape en la mayoría de los casos, a la sutil, fugas, común y engañosa mirada del ojo humano”.

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