Este 30 de septiembre el hospital pediátrico Pepe Portilla celebra los 100 años de creado. Un siglo de existencia al servicio de la salud en Pinar del Río
La caricia de un médico en la frente de un niño, la activación con destreza de los equipos de urgencias médicas ante una llamada que anuncia que la vida de un pequeño corre peligro, las discusiones de aquellos casos más complejos, la toma de decisiones cuando escasea un recurso… así se mide el pulso del hospital pediátrico Pepe Portilla.

La institución médica más antigua de Pinar del Río arriba a su centenario de fundación, erigida como un baluarte de la salud infantil vueltabajera. Surgido en 1926 como una clínica mutualista al servicio de la comunidad española radicada en el territorio, el centro asistencial fue nacionalizado después del triunfo de la Revolución, para transformarse en un centro de referencia de la medicina pediátrica en la provincia.
Con una capacidad actual de 293 camas distribuidas en 11 servicios de hospitalización, la institución responde al compromiso ético de proteger la vida desde sus etapas más tempranas.
Su estructura funcional abarca desde salas de hospitalización hasta unidades especializadas de alta complejidad como el Servicio de Terapia Intensiva Polivalente, el de Cuidados Progresivos (terapia intermedia), Oncopediatría y un renovado Bloque Quirúrgico. A ello se suma el área de Extensión Hospitalaria, donde radica el Policlínico de Especialidades, centro neurálgico que acoge las consultas externas pediátricas, laboratorios de Inmunología y Hematología Especial, junto al área docente superior, según explicó la doctora Annie Marie Romero Brito, su directora.

En medio de una profunda remodelación constructiva proyectada para celebrar este siglo de existencia, la institución ha reinaugurado en el último año áreas como el bloque en “L”, en el que radican los servicios de Gastroenterología, Vías Respiratorias y Misceláneas 1.
El hospital no solo vela por la salud asistencial de sus pacientes, sino también por el bienestar de su colectivo laboral a través de la casita infantil Futuros Galenos, un espacio con capacidad para 40 niños que garantiza el cuidado de los hijos de sus trabajadores.
CIENCIA Y ABNEGACIÓN
Más allá de su imponente estructura, el “Pepe Portilla” no se mide por sus espacios físicos o centenarias edificaciones, sino por la solidez de sus indicadores asistenciales, los cuales hacen que figure entre los mejores de su tipo en Cuba.
Pinar del Río se ha situado en los últimos años entre las de mejores resultados en la tasa de mortalidad infantil, posicionamiento que responde, en gran medida, al trabajo articulado entre la Atención Primaria de Salud, el Programa de Atención Materno Infantil, los servicios de Ginecología y Obstetricia y el de Neonatología del hospital Abel Santamaría y el desempeño de este hospital pediátrico.

En tal sentido, el área de Oncohematología exhibe una tasa de supervivencia superior al 96 por ciento. Por su parte, el Servicio de Terapia Intensiva Polivalente, que atiende a niños desde los 30 días de nacidos hasta los 17 años, 11 meses y 29 días, y el de Cirugía Pediátrica, que incluye la compleja cirugía neonatal, logran sostener una supervivencia situada de forma constante entre el 98 y el 99 por ciento.
A estos resultados se añade el seguimiento integral de los pacientes crónicos o con requerimientos especiales de salud. A través de las consultas especializadas e intervenciones directas en las salas, la institución asume el control asistencial de niños dependientes de traqueostomía o gastrostomía, asegurando el suministro de insumos indispensables como cánulas, tenedores nasales y sondas de aspiración que posibilitan su estabilidad e inserción familiar, ello gracias a donativos que reciben con frecuencia, ante la compleja situación de disponibilidad de insumos médicos.
“Trabajamos con lo más sensible que tiene la familia cubana, que son los niños”, afirma Romero Brito, joven nombrada recientemente directora general del hospital pediátrico. Con una visión integral de la gestión médica, la directiva subraya: “Un adulto puede comprender las limitaciones, pero es extremadamente difícil explicarle a un padre que su hijo tiene fiebre elevada o una neumonía y que no contamos de inmediato con el medicamento de primera línea. Por ello, las tasas de supervivencia del 98 y 99 por ciento en servicios tan críticos como la Terapia Intensiva y la Cirugía nos llenan de orgullo”.
ESTRATEGIAS Y MÉTODOS FRENTE A LA ESCASEZ
El contexto socioeconómico actual y el impacto severo del bloqueo sobre el sistema de Salud imponen retos diarios al ejercicio de la medicina secundaria. En el Pediátrico vueltabajero la escasez de fármacos e insumos asistenciales de primera línea ha demandado el diseño de estrategias y el empleo de alternativas terapéuticas, siempre bajo estrictos protocolos de actuación internacionales.

Ante la falta de medicamentos, los especialistas del centro aplican protocolos de segunda, tercera y hasta cuarta línea de tratamiento, con un seguimiento estricto que ha permitido mantener los estándares de recuperación. En esta arquitectura asistencial, el método clínico cobra una jerarquía determinante. “Nada sustituye la evaluación integral del paciente”, asegura la directora.
La inspección, la palpación, la percusión y la auscultación minuciosas se convierten en la principal herramienta del pediatra frente al paciente, incapaz muchas veces de verbalizar sus dolencias, señala la joven.
La integración de equipos multidisciplinarios constituye otro pilar fundamental. Diariamente, la subdirección de Asistencia Médica, en conjunto con la Unidad Organizativa de Calidad, efectúa recorridos de evaluación por todos los servicios. En estas discusiones colectivas se analizan de manera pormenorizada los egresos de menores de un año, la evolución de niños procedentes de zonas distantes y los casos clínicos más complejos.
Paralelamente, la alianza estratégica con la Atención Primaria de Salud y el valioso respaldo de donativos facilitan la entrada de insumos de aspiración, gastrostomía y nutrición especial. La red de solidaridad y la gestión intersectorial permiten amortiguar las fluctuaciones de insumos quirúrgicos y material gastable en las unidades críticas.
Para la doctora Deborah Santana Pando, especialista de Primer Grado en Pediatría, con casi cuatro décadas de labor ininterrumpida en la institución, la clave de la asistencia radica en tres principios inquebrantables: la consagración, la dedicación y la preparación científica.
“Cuando un profesional está profundamente preparado y conoce a cabalidad los protocolos de actuación frente a cada patología, tiene ante sí múltiples opciones terapéuticas para rescatar al paciente y evitar vacíos en su atención, incluso, en medio de las limitaciones de insumos más severas. Aquí nunca hemos tenido que lamentar un evento triste que nos haga sentir inconformes con la ética de nuestro servicio”, expresó la doctora.
UN CLAUSTRO DOCENTE EXIGE DESDE EL EJEMPLO
El Pediátrico exige mantener un estándar de excelencia en la formación de las nuevas generaciones de médicos, enfermeros y especialistas que asumirán el futuro de la Salud Pública. Por ello, acoge anualmente a estudiantes de pregrado de la carrera de Medicina (desde el segundo hasta el sexto año), alumnos ayudantes y residentes de múltiples especialidades como Pediatría, Terapia Intensiva, Neonatología, Reumatología y Cirugía Pediátrica.
El pase de visita médico y docente se realiza diariamente bajo la guía de excelentes profesionales que asumen como profesores y los jefes de servicio, garantizando una interacción directa con el paciente pediátrico. A ello se suman seminarios, conferencias y un diálogo con el paciente y sus familiares que se complementa con la teoría.
Yadina María Regalado Díaz, licenciada en Enfermería, máster en Urgencias Médicas y jefa de enfermeras del servicio de Terapia Intensiva, con 29 años de labor en dicha área, destaca el papel vital del trabajo en equipo dentro de la formación de los jóvenes: “Contamos con una plantilla donde conviven especialistas consagrados con residentes y enfermeros en formación. Para trabajar en un área crítica se requiere, por encima de todo, un profundo sentido de la humanidad y empatía hacia los pacientes y los padres. A pesar de cualquier dificultad, la prioridad absoluta siempre será devolverle la sonrisa al niño”.
Sin embargo, el proceso formativo no está exento de tensiones provocadas por la propia coyuntura asistencial. En el área quirúrgica, la reducción forzosa de intervenciones electivas ha derivado en que la actividad de los residentes se concentre, esencialmente, en la atención de urgencias y guardias médicas.
El joven doctor Ronald Reyes Martínez, residente de primer año de Cirugía Pediátrica, reflexiona sobre los retos que entraña el aprendizaje en las circunstancias actuales: “Ser cirujano exige un equilibrio entre la teoría y la práctica, necesitamos ´mover´ las manos. Hoy la práctica quirúrgica electiva está muy resentida por la falta de recursos y nos concentramos en las urgencias como apendicitis y traumas. Frente a eso, los especialistas nos brindan una enseñanza constante en el salón de operaciones y nosotros intensificamos el estudio con seminarios semanales para suplir las carencias y formarnos con el máximo rigor posible”.
Por su parte, Librada Martínez Prieto, enfermera con 42 años de ejercicio profesional, 26 de ellos dedicados a la Unidad Quirúrgica, recalca la trascendencia de mantener la exigencia en las normas técnicas: “El cirujano no puede actuar en soledad, necesita el respaldo absoluto del equipo de enfermería, anestesistas y demás profesionales que entran al quirófano, asisten y participan en el procedimiento y velan por la esterilidad del área. A los jóvenes hay que transmitirles la experiencia hablándoles con firmeza sobre las normas de asepsia, antisepsia y la bioseguridad, porque en nuestras manos está la vida de un niño”.
EN LA VANGUARDIA LA JUVENTUD
En la actualidad son jóvenes quienes asumen las responsabilidades asistenciales y administrativas en el Pediátrico, una de las transformaciones organizativas más notables. Con edades entre los 30 y 35 años conducen el hospital en medio de grandes tensiones y a las puertas de su Centenario, conscientes de aquella máxima de Fidel que decía: “Un niño lo merece todo, pero un niño enfermo lo merece más”.
Este empuje juvenil cuenta, por supuesto, con el asesoramiento permanente de profesores de vasta trayectoria asistencial. Ello se evidencia no solo en la administración de la institución, sino también en las salas y en el Cuerpo de Guardia, de cara a los pacientes.

La doctora Isabel Castillo Miló, residente de tercer año de Pediatría, analiza la complejidad del trabajo en las salas: “Todas las residencias médicas son difíciles y exigen horas de estudio independiente, pero la Pediatría demanda un extra de sensibilidad. Tratar con lactantes que no pueden decir sus síntomas requiere de mucha observación y tener empatía con las madres y padres”.
En esa misma línea, la joven recién graduada de Medicina, Amanda Miguel Escobar Flores, residente de primer año de Pediatría, manifiesta la inspiración que encuentra en sus colectivos de trabajo: “Llegar a este hospital y observar la entrega incondicional de los especialistas frente a cada carencia o problema de transporte constituye un ejemplo diario. Desde quien prepara la leche en la cocina de distribución hasta el cirujano de guardia, aquí se respira una vocación profundamente humana que nos reafirma el orgullo de haber elegido este camino”.
Ese compromiso es percibido de manera directa por las familias que permanecen en las áreas de hospitalización durante periodos prolongados. Un ejemplo de ello es Yarelis Herrera Roque, procedente del poblado de Sábalo, Guane, y madre de Jocelyn Delgado Herrera, una niña de ocho años, ingresada por una luxación cervical que requirió la intervención conjunta de neurocirujanos locales y especialistas de La Habana.
Ella da testimonio del trato humano recibido: “Los médicos y cirujanos vienen a ver a mi niña dos y tres veces al día, nos informan de cada tomografía y procedimiento con mucha paciencia. En medio de la preocupación por la salud de mi hija, el personal del hospital se ha convertido en nuestra propia familia”.

Al cumplir 100 años de existencia, el pediátrico Pepe Portilla proyecta su mirada hacia el futuro sostenido en el amor y la consagración de sus trabajadores.
La combinación entre la sabiduría de sus maestros, la elección de sus jóvenes profesionales y el compromiso de todos garantiza que, por encima de cualquier adversidad material, la salud infantil en Pinar del Río continúe resguardada con el más alto sentido de la dignidad humana.
Tomado de Periódico Guerrillero






