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La ONU declara la esperanza: un mandato para no rendirse

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En un mundo que parece tambalearse al borde del abismo, donde los conflictos armados se multiplican, las brechas sociales se ensanchan y la incertidumbre se ha instalado como una compañera cotidiana, la Asamblea General de las Naciones Unidas ha tomado una decisión que, a primera vista, podría parecer poética. Pero es, en realidad, profundamente política.

Mediante la Resolución A/RES/79/270, adoptada el 4 de marzo de 2025, la ONU ha proclamado oficialmente el 12 de julio como el Día Internacional de la Esperanza. El mensaje es claro: la esperanza no es un lujo ni una ingenuidad, sino una necesidad global.

No se trata de un gesto vacío. Detrás de esta resolución hay un reconocimiento explícito de que las sociedades no pueden sostenerse únicamente sobre diagnósticos sombríos. La esperanza, como han señalado psicólogos y filósofos, es un motor de acción. Sin ella, los pueblos no encuentran la fuerza para reconstruir lo que la guerra destruye, ni la paciencia para exigir justicia donde reina la desigualdad, ni la voluntad para imaginar un futuro distinto cuando el presente oprime.

Al fijar el 12 de julio en el calendario, la Asamblea General no está pidiendo una celebración ingenua. Está lanzando una invitación a los Estados, a las organizaciones y a cada persona a convertir la esperanza en un principio activo. Un recordatorio de que, incluso en las circunstancias más adversas, la humanidad ha encontrado siempre la fuerza para levantarse.

La fecha elegida no es casual. Julio, el mes central del año, simboliza un punto de inflexión: la mitad del camino, el momento de evaluar lo recorrido y decidir hacia dónde ir. Y la esperanza, en ese contexto, es la brújula.

El Día Internacional de la Esperanza no resolverá por sí solo los conflictos ni cerrará las brechas de desigualdad. Pero establece algo fundamental: que la comunidad internacional reconoce que, sin esperanza, ningún tratado de paz ni plan de desarrollo tiene verdadera raíz. Porque la esperanza no es pasiva. Es el primer paso para actuar.

Y ahora, tiene su día en el calendario de la humanidad.

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