La finca “San Pedro”, ubicada en la demarcación de Puerta de Golpe en el municipio de Consolación del Sur es una de las tierras más productivas de toda la zona, y probablemente de toda la provincia vueltabajera.
La constante innovación, la aplicación de la tecnología y el empeño y el amor por hacer parir la tierra, es algo que caracteriza a estos suelos al sur del territorio consolareño, y mucho más a quienes se vinculan a ella.
Sin embargo, la realidad de estas tierras sería hoy bien diferente si no hubiera sido por hombres como Rogelio y José Ángel, quienes han dejado mucho más que su piel y sus sueños.

Y es que hablar de la familia Ortúzar es inevitable cuando se menciona al tabaco vueltabajero, entre muchas otras producciones, de las cuales ellos son pioneros y verdaderos exponentes de referencia nacional.
Esta familia, vinculada al cultivo de tabaco desde hace más de cuatro generaciones, durante poco más de un siglo, mantiene hoy tradiciones raigales de las cuales se enorgullecen.
UNA FINCA…VARIAS MANOS… MISMO SUEÑO
De acuerdo su propietario, Rogelio, quizás el más conocido, Héroe del Trabajo de la República de Cuba por demás, su abuelo se mudó para las tierras que hoy atesora por allá por el 1923, y aprovechó las bondades del lugar para hacer crecer su incipiente familia.

“Mi abuelo era un hombre de campo, noble, muy trabajador. Él estuvo durante muchos años sentando las bases de lo que hoy se puede ver aquí. Durante el tiempo que las fuerzas se lo permitieron, él estuvo al frente de la finca haciéndola producir”.
“Tuvo ocho hijos, pero fue Joaquinito, mi papá, quien se encargó de todo cuando él enfermó, sustituyéndolo entonces en todas sus labores y guiándose por sus enseñanzas y sabiduría”.
Según Rogelio, la tierra no pasó a sus manos sino hasta el 1975, momento en que su padre enferma, y con 25 años y lo que califica como una inexperiencia inmensa, tuvo que dar el pecho para entonces comenzar a dirigirla, pero siempre, asegura, con lo consejos de su padre.
“Al pasar los años comprendí que la tierra es muy agradecida con quien la cuida y la atiende, por lo que mi hijo también se incorporó aquí conmigo al terminar sus estudios. Yo estaba a tiempo completo en la finca y también en la cooperativa, por lo que necesitaba una mano tan experta como la mía. Él siempre me demostró que tenía mucho talento y dominio de todo lo relativo a las labores de la finca”.
Y como si la historia se repitiera, asegura Rogelio, en el 2017 comenzó a presentar graves problemas de salud que lo hicieron, en contra de su voluntad, dar un paso atrás y ceder todo a manos de su hijo José Ángel.
“Siempre es difícil comenzar y enfrentarse a una responsabilidad como esa, y debo decir que mi hijo lo hizo y lo ha hecho muy bien, mucho mejor que como yo lo pude hacer en mi momento”.
UN SIGLO EN EVOLUCIÓN
Jocosamente sonríe, pues sabe que sin importar qué, el sueño de su familia y el suyo propio ya han dejado de serlo para convertirse en el de su hijo y sus nietos.
“Hoy gracias a la vida, y la medicina y los excelentes profesionales médicos de nuestro país, he podido recuperarme de mi enfermedad; y puedo dar fe sin temor a equivocarme, que la finca está en las mejores condiciones ha estado nunca. Los últimos cuatro años han sido la época de mejores rendimientos y de mejor calidad de nuestras producciones. Hemos logrado una estructura que jamás yo hubiera soñado”.
“Hoy contamos con tecnología de punta, que nos ha ayudado mucho. Contamos con sistemas de riego a base de bombas sumergibles con tecnología solar. También este sistema fotovoltaico lo hemos aplicado a las cámaras de fermentación y a nuestra vivienda”.
“Debo destacar también que desde hace cuatro años nos dieron la oportunidad de poder beneficiar nuestro propio tabaco en una escogida familiar, la que también tiene tecnología solar, y eso ha sido maravilloso. De esta forma podemos cuidar nuestro tabaco tanto en el campo como en la propia escogida, dándole el cariño necesario para que cada hoja rinda al máximo”.
Por su parte, José Ángel Ortúzar, asegura que nacer en el seno de esta familia ha sido más que una bendición.

“Mira, esta es una familia que siempre ha sentido y tenido respeto por la tierra. Y mi padre se ha encargado de que todo ese amor llegue hasta mí, hasta mis manos y que cale hondo. Rogelio Ortúzar es el mejor padre que se pueda tener, pues desde su grandeza y humildad, siempre me inculcó y me hizo parte de las tradiciones tabacaleras”.
“Me enseñó desde pequeño a darle valor a las cosas, a creer en sus sueños y en los míos propios, a trabajar como él y a enfrentarme a la vida sin tapujos, de frente, algo que en su momento tambvbién aprendió él, y que forma parte intrínseca de nuestra herencia y de este legado que algún día también pienso dejarles a mis hijos”.
LAS BONDADES DEL TABACO
Rogelio vuelve a sonreír, pues ante la pregunta del privilegio de sentirse cubano y campesino, no puede evitar una respuesta que para él es indiscutible: “ser cubano es un privilegio, pero ser un campesino, y cubano, creo que no se puede aspirar a más”.
Por su parte, José Ángel, asegura que tener sangre campesina es un legado que realza y del que se siente digno en cualquier lugar del país y del mundo.
“Nunca he negado mis orígenes, ser guajiro es más que un sentimiento, más que una simple etiqueta. Es levantarse todas las mañanas a oler el campo, a trabajarlo, a escucharlo, a entrelazar tus raíces con las suyas”.
Ambos, padre e hijo aseguran que ser productor de tabaco en Cuba, en las tierras del mejor tabaco del mundo significa muchísimo, y más que una responsabilidad constituye un reto diario.
A una última pregunta sobre los reconocimientos, en especial ser portador de la distinción de Hombre Habano, y la reciente distinción provincial por el “26 de Julio”, Rogelio se detuvo a pensar por unos segundos.
“Ser reconocido como Hombre Habano es la máxima distinción que puede recibir una persona que se dedique a este cultivo, pero eso no se puede subir a la cabeza. Eso solo significa que estás haciendo bien lo que debes hacer: tu trabajo”.
“Por otro lado, con el otorgamiento de la sede por el día de la rebeldía nacional, solo me siento mucho más comprometido con todos los que han confiado en mí, en mi hijo y en mi familia”.
“La finca San Pedro es solo una de las que ha puesto su granito de arena para que la provincia obtuviera este reconocimiento. Si la vida me diera la oportunidad de poder comenzar de nuevo, quisiera seguir siendo productor y sobretodo de tabaco”.
Tomado de Periódico Guerrillero






