En Félix Echevarría Martínez, además del arte y la pedagogía, habita un naturalista, al menos desde su incuestionable afición. Cada una de sus muestras no solo ha implicado paisajes rurales y humanos, también ha conllevado largas jornadas de contemplación, de análisis, de paciente y meticuloso acercamiento a lo que le rodea en cuerpo y espíritu. Los escenarios a los que nos ha invitado por años no han constituido ventanas inertes, han sido oportunidades para acompañar los procesos en que transcurren existencia y estaciones; la gente y los lugares, lo que los une y cómo intercambian.

-fragmento-
De la serie Sinfonía de paz
Técnica mixta sobre cartulina
60 x 70 cm
2025

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De la serie Sinfonía de paz
Técnica mixta sobre cartulina
60 x 70 cm
2025
Félix nació envuelto en paisaje. Han brotado sus parajes queriendo ilustrar nuestros campos, a través de los más acostumbrados elementos y temas que han sellado la ruralidad pinareña, al tiempo que los ha fundido con cada influencia de noticias y ejercicios de la enseñanza artística. El lomerío, los mogotes, las casitas, los pinares y ríos… los girasoles y romerillos… el expresionismo, la abstracción, el surrealismo… han sido el signo de su derrotero. Desde hace algún tiempo, entre novedades familiares y circunstancias mundiales, su paisaje se ha transformado en busca de visualidades y emociones más universales y persistentes, en las que prevalece la insistencia en la inquebrantable fortaleza de la resurrección, las oportunidades y la posibilidad de la luz. Su constancia nos viene a recordar la indispensable lucidez de buscar saldos felices, o al menos productivos, tras toda contienda.
Félix nos invita a valorar la vida, a mirar más allá de las tinieblas, a descifrar los acertijos necesarios para develar lo esencial… a desentrañar ese paisaje que nos habita y al que solo podemos hacer brillar con nuestros propios colores, o vibrar con las texturas de las huellas que vamos juntando.
Como maestro de generaciones en la enseñanza artística nos ha regalado varias lecciones sobre disciplina y consagración desde su trabajo cotidiano. Su ofrecimiento de capítulos gratuitos sobre la importancia del arte como vínculo sagrado entre los hombres, medicina para el alma y espacio de infinita liberación para el espíritu y los sueños, le ha mantiene firme ahí, donde sea necesario sembrar, fundar y compartir semillas para seguir creciendo y le ha valido –entre El Escudo Pinareño y otros notables premios- el reconocimiento extraordinario de que el espacio expositivo del Centro Provincial de Casas de Cultura –CPCC- de Pinar del Río lleve su nombre.


Félix Echevarría se reinventa una y otra vez para dejarnos claro que no puede vivir sin pintar. Sus coqueteos formales con los istmos vanguardistas de inicios del siglo XX afloran esporádicamente en las series que va concibiendo cada año para celebrar su aniversario y reverenciar el regalo de estar vivo. Así lo hemos acompañado a través de indagaciones socioculturales, homenajes y una búsqueda insaciable de identidad. Félix, que no renuncia al lienzo en blanco al final de cada muestra, cual puente entre narraciones, hoy vuelve a abrirnos un portal a sus ideas.
Novio declarado de nuestra geografía, nos la sigue traduciendo desde esa mezcla extraordinaria de vocación vanguardista y corazón naife. Incisivas y al mismo tiempo líricas han sido sus incursiones, tanto en el entorno rural como en los retratos. Muchas de sus citas han constituido un homenaje a la génesis de toda existencia -la mujer, la Virgen, la Madre Naturaleza-, a sus fuerzas incontenibles y a su enorme poder de reproducción, fragmentación, reconfiguración y renacimiento. Hoy también nos comparte cuerpos y rostros, entre sinuosas líneas y sutiles quiebres o réplicas que se imbrican, que parecieran confirmar su resistencia y determinación de prevalecer desde la carne y la fe.

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De la serie Sinfonía de paz
Técnica mixta sobre cartulina
60 x 70 cm
2025

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De la serie Sinfonía de paz
Técnica mixta sobre cartulina
60 x 70 cm
2025
El maestro renueva sus votos con el planeta. Retoma sus alabanzas en una sinfonía de pasiones que veneran la fuerza de la creación. Junta cuerpos y plantas desde una paleta completamente alegórica a la tierra, entre pinceladas más gestuales y entornos aparentemente caóticos, donde la línea que advierte al ser humano resulta el ancla de cualquier fundamento. Propone ecosistemas conectados, necesitados, dependientes. Funde rostros y ambientes apostando por el origen del universo, la concientización de lo substancial y la defensa de lo indispensable y común. Su búsqueda de diálogo entre seres y escenarios nos compromete a la virtud, al respeto, a la convivencia en franca armonía.
Sinfonía de paz, que incluye ocho obras realizadas en técnica mixta sobre cartulina y el legendario lienzo en blanco –como promesa de futuro-, se mantendrá expuesta en la galería del Comité Provincial del Partido hasta finales de mayo de 2026.
Autora: Yania Collazo González








