La obra de Segundo Planes parece aglutinar todo un hibrido de “fabulas”, ensoñaciones y recreaciones de espacios oníricos que han centrado una buena parte de su imaginario ideoestético, cristalizando un pequeño fragmento de la infancia y los sueños, traducidos en una reconocida poética donde la reiterada representación de lo tierno desde la forma y el contenido parece habitar y florecer dentro de su alma.
Existen varios elementos que han hecho de la producción simbólica de Segundo una propuesta singular pictóricamente hablando desde sus inicios ¿cuáles?, el uso de los grandísimos formatos, la abundante paleta cromática y el marcado barroquismo compositivo, en algunos casos también es perceptible su referencia con la obra de Joan Miró y Marx Ernst por solo citar algunos.

Planes emplea el recurso del símbolo (ya sea desde lo figurativo o abstracto), la alegoría y la metáfora para construir una excelsa y atractiva puesta en escena, jugando con ciertos aspectos que van desde lo irónico y surreal a la vez, trasmitiendo una especie de estado espiritual y emocional que no parece beber de un contexto real sino desde el más puro y autentico acto de introspección hacia el centro de su alma ¿objetivo?, colocar y devolver la infancia y los recuerdos congelados en la memoria hacia el centro de los debates y con ello verter la inminente necesidad de compartirlos, tal como se aprecia en las obras: Encanto de las edades. Trece punto cero, diez veintitrés, Acrílico y Óleo sobre tela, 265.5 x 265.5 cm, 2008, Etéreamente redondo, aliento, monumento, estar, Acrílico y Óleo sobre tela, 180 x 360 cm, 2008, Pájaro del buen abuelo (agüero), Acrílico y Óleo sobre tela, 110 cm de diámetro, 2008 y Dos lunas y cuatro puntos cardinales, Acrílico y Óleo sobre tela, 110 x 250 cm, 2009.
Su obra parece guardar un pretexto inagotable de socialización, una especie de álbum donde se comparten los recuerdos personales o los pertenecientes al imaginario colectivo sobre una aparente realidad “atemporal” que parece ser extraída de un libro de cuentos, algo que la envuelve en cierto carácter universal y la desmarca de lo habitualmente conocido dentro del arte contemporáneo cubano.

Si algo me ha resultado particularmente interesante y singular de su obra es su aparente “bifurcación” con una realidad inmediata. Segundo ha encontrado y edificado un registro visual que enmascara una pequeña parte de un determinado contexto, donde la combinación de los diversos códigos, la apropiación geométrica, los personajes, tanto adultos, niños y abuelos, la flora y fauna del trópico y el desborde de un relato consagrado y metafísico del autor con “su propia realidad”soñada, recreada o simplemente inventada se han convertido en ese indetenible deseo para establecer un dialogo con sus semejantes.









