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Amadays, orgullosamente «Tita»

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Amadays Pérez Arencibia no concibe sus días alejada del círculo infantil Amiguitos de la Ciencia, de la ciudad de Pinar del Río, donde ha permanecido durante ocho años.

Tampoco piensa su vida lejos de la profesión que estudió: licenciatura en Educación Preescolar.

Cuando hace 14 años egresó de la universidad no imaginó que «Tita» sería una palabra que sonaría tan bien para ella, al punto de que, confiesa, que extraña a los niños cuando no los ve ni los escucha, sobre todo en el periodo de vacaciones.

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 Es muy lindo verlos cómo aprenden contigo y durante toda su estancia en el círculo, porque llegan prácticamente de bebés y salen de aquí para el primer grado, dijo a la Agencia Cubana de Noticias.

Se trata de un trabajo consagrado, que demanda una dosis extra de amor y paciencia, pues, además de cuidarlos, hacemos actividades de todo tipo.

Siempre me gustaron los pequeños y mis padres apoyaron mi decisión de ser educadora, explicó. Tengo uno de cinco años y resulta complicada la vida diaria de una madre en estos tiempos; pero no renuncio al cariño de mis retoños. 

Basta un rato en Amiguitos de la Ciencia para entender el apego de Amadays –de 38 años de edad– con los infantes; y de estos con ella, al punto de que si sale de su salón de quinto año de vida enseguida dos o tres van a buscarla. 

No hay nada como caminar por la calle y que te griten «Tita», incluso muchachos de preuniversitario que te reconocen porque marcaste sus vidas, sonríe. 

Aquí permanecemos con niños que vienen de diferentes familias — funcionales y disfuncionales–; y algunas se preocupan mucho por sus hijos y otras no, lamenta.

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Los círculos infantiles son un ejemplo de constancia, pues se mantienen abiertos a pesar de lo duro que pueda ser el contexto, sin renunciar a su esencia fundacional aquel 10 de abril hace 65 años. 

Vivimos tiempos muy difíciles, los recursos son mínimos, y tienes que inventar constantemente para poder motivar a 36 niños. Y si no sientes amor por la enseñanza, no fluye, destaca. 

Bien sabía Vilma Espín el impacto que desde entonces tendrían esas instituciones en la sociedad cubana. 

Los enseñamos a comer, socializar, compartir, ser independientes; les inculcamos valores para su vida y constituimos un respaldo para la familia y las madres trabajadoras que dejan a sus hijos en buenas manos, apuntó Amadays.

Tomado de Agencia Cubana de Noticias

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