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Arte joven en la ciudad

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El arte mantiene activos muchos de los circuitos sociales del ser humano. No resuelve conflictos exactamente, pero sí transforma percepciones en torno a las posibles realidades y escenarios de los mismos. Su poder, entre otras particularidades, radica en esa naturaleza cuestionadora e irreverente que aparece desnuda o cercándonos desde metáforas y símbolos.

Artistas cuyos discursos se han vuelto sólidos con el oficio y la investigación cotidiana pueden ofrecernos, además de grandes experiencias, revisiones frescas de las dinámicas más contemporáneas. Pero son generalmente los más jóvenes los que suelen sorprendernos; los que nos obligan a replantearnos perspectivas, aprender nuevos códigos y tratar de comunicarnos con generaciones que implican nuevos lenguajes.

Hasta finales de mayo tenemos la posibilidad de apreciar muchas de las poéticas que se van vislumbrando en la creación de los más jóvenes artistas locales. La Asociación Hermanos Saíz (AHS), el Centro Provincial de Artes Visuales (CPAV) y la filial provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) constituyen los espacios que acogen los proyectos curatoriales en cuestión.

El arte joven se debate entre el establecimiento de la tradición y las necesidades de expresión de su ser y su tiempo. Como la ¨malayerba¨, la creación incipiente brota sin permisos, sin límites, prácticamente con la máxima del desahogo, siendo precisamente ese uno de los momentos más interesantes de cualquier trayectoria, pues además de resultar un punto de partida que probablemente se replantee, también puede ser una parte brillante que se anule a pesar de sus cualidades si no se potencia. Y es ahí donde muchas instituciones juegan un rol significativo, en esos instantes fundacionales donde el acompañamiento puede resultar crucial para las nuevas visiones.

En Pinar del Río como en el resto del país, según las normativas estipuladas, los jóvenes encuentran alternativas de formación, exhibición y crecimiento en las instituciones de la enseñanza artística, la AHS, los consejos provinciales de artes plásticas, los salones, eventos y hasta en la Bienal de La Habana. Y aquí, como en el resto del mundo, también las relaciones entre artistas e instituciones están mediadas por numerosas pautas y circunstancias que marcan, condicionan y propician o no, presentaciones y carreras. Por lo que resulta necesario coincidir en que en Vueltabajo los espacios han permanecido bastante abiertos.

La Sala Real de la Casa del joven creador de nuestra AHS exhibe Espacio habitable, un environment -ambiente- creado a propósito del reciente festival de tatuajes Ink Facktory. Organizado por Orlando Barrera Mireles, quien lidera la sección de artes visuales de la asociación y el proyecto de tatuadores Aguantaguja, resulta un espacio que simula no solo un taller de tatuajes sino un sitio concebido desde las confiables claves de la intimidad colectiva y la inclusión, pensado como un abrazo cálido, diseñado para la espera sustanciosa y  propiciador de ejercicios decodificadores más allá de la polisemia de las obras involucradas. Diversos artistas, estilos y técnicas cuyos discursos vibran y se potencian al disponerse como un gran acto desde una misma orquesta; naturaleza que le ha posibilitado al proyecto no solo convivir con el evento que le viera nacer, sino imbricarse con el resto de las acciones cotidianas que hasta hoy sigue teniendo la casa.

En el CPAV se exhibe Espejismos en el asfalto, una muestra retrospectiva de los últimos ocho años de creación de Orlando Hernández Pérez. Trabajos sobre cartulina y lienzo donde se hace evidente el cambio estilístico y conceptual del artista, que de reflexiones sobre el inconsciente y su manifestación en espacios íntimos ahora tiende a explorar plazas públicas, sus dinámicas, personajes, arquetipos y circunstancias. Todo un ejercicio de percepción y reflexión sobre mecanismos y articulaciones socioculturales de las que hoy somos partícipes.

Y Malayerba, carbón y mambo, la muestra que hoy abraza la Uneac pinareña pretende compartir los primeros pasos de algunos artistas y los nuevos proyectos de otros. Es una posibilidad para apreciar gran parte del talento más joven de la provincia y potenciar el diálogo conceptual y curatorial en torno a las prácticas y los diversos cuestionamientos que se manifiestan. Fotografía, dibujo, pintura y grabado resultan los géneros más evidentes. También se advierten apuntes hacia complejidades sociales múltiples: disyuntivas económicas, paradojas políticas, constantes filosóficas acriolladas, relecturas históricas, asuntos de género, recitaciones sobre el poder e introspecciones sobre la soledad, el encierro, la violencia y la precariedad de la existencia.

La mayoría de estos jóvenes interactúa frecuentemente con las instituciones y se involucra en proyectos curatoriales y hasta pedagógicos -como Farmacia-, lo que implica una voluntad creativa que debemos acompañar y a la que debemos propiciar mayores chances para la confrontación y el desborde.

Autora: Yania Collazo González, Lic. Historia del Arte

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