Si una persona dijese que en Cuba se diagnostican anualmente alrededor de 55 mil personas con cáncer, es probable que la cifra no parezca, significativa teniendo en cuenta nuestra población de más de nueve millones.
Si esa misma persona dijese que en nuestro país fallece una persona por cáncer cada 20 minutos, y que cada día se diagnostican alrededor de 140 casos, entonces las cifras nos resultarían más cercanas. Porque es casi improbable que nadie tenga un familiar, un conocido, el amigo de un amigo que padezca, haya padecido o muerto por esa enfermedad.
Con motivo de la fecha, y para concientizar y unir intereses en favor de la lucha contra el cáncer, el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología (INOR), reunió a cuatro de sus especialistas para explicar lo que el sistema de salud cubano ha realizado desde 1968 y se encuentra realizando en la actualidad, pese al recrudecido bloqueo económico, comercial, financiero y de combustibles que hoy se nos impone, una vez más.
Con un capital humano con las condiciones intelectuales, políticas y morales necesarias para el cumplimiento de sus funciones médicas, el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología es una Unidad del Tercer Nivel de atención y es el centro rector de la especialidad de Oncología.
Asimismo, constituye una unidad de ciencia y técnica para la investigación, la asistencia, la docencia y la asimilación de tecnologías; con una producción científica y de innovación tecnológica que genera un servicio asistencial de alta calidad y eficiencia, y propicia la participación profesional y comunitaria en los programas de control de cáncer, logrando la satisfacción de pacientes, sus familiares y los trabajadores de la entidad.


El Dr. Luis Alberto Martínez Blanco, Jefe de Sección del Cáncer del Ministerio de Salud Pública (Minsap), abrió la conferencia explicando que la oncología, en cualquier parte del mundo, es un programa de salud muy costoso.
“Ya sea desde las acciones de promoción y prevención, hasta los procesos de fabricación de los fármacos, las investigaciones y las cirugías”.
Los tratamientos con radioterapia y la quimioterapia son muy costosos, así como también resultan de alto valor hasta las piezas de repuesto de los equipos empleados en su realización.
La obtención y realización de los fármacos para el país también es cara, y es una de las tantas áreas donde impacta profundamente el bloqueo.
De manera general, las recientes medidas adoptadas por el presidente del gobierno de los Estados Unidos, Donald Trump, con respecto al bloqueo de nuestros suministros de combustible, afecta en su totalidad a los servicios que se ofrecen a la población, y de manera especial en el área de la oncología.
“Si no tenemos estabilidad energética, no podemos exponer al paciente ni a una cirugía, ni a radioterapia; se dificulta la elaboración de alimentos y las dietas que llevan los pacientes oncológicos”.
Es inhumano, ilegal y genocida -porque va contra el derecho a la salud y a la existencia– al no permitir que Cuba garantice a sus pacientes la secuencia de sus tratamientos, lo cual interfiere con los resultados, a corto o largo plazo, de la salud del enfermo.
Aunque es un principio cubano aprovechar al máximo cada recurso con eficiencia, el bloqueo y las afectaciones que provoca constituye un crimen de lesa humanidad al tratar de asfixiar al pueblo, porque en esa espera por un tratamiento oncológico hay personas para las que cada día cuenta, y el retraso de sus tratamientos hace que pierdan, en ocasiones, la posibilidad de salvar la vida.
Es tan dañino para un paciente oncológico no poder hacerse su tratamiento, como no poder continuarlo, o retrasarlo en el tiempo que debía.


Por su parte el Dr. Luis Martín Rodríguez, director del Instituto de Oncología y Radiobiología, explicó que, en la década de 2010-2019 Cuba alcanzó niveles de sobrevida en la oncología comparables a la de países desarrollados.
“¿Cómo? Creando, sobreponiéndonos a cuanta dificultad se ha tenido, desarrollando nuestra industria biotecnológica y también, porque es importante señalarlo, con mucha solidaridad”.
Solidaridad que Cuba ha brindado a otros pueblos y que nos ha sido devuelta, como símbolo de la grandeza de nuestra Patria y de las naciones que por los médicos y la medicina cubana también se han visto beneficiados.
El directivo aseguró que los servicios del hospital se mantienen activos, y que cada día buscan el modo de sortear estas necesidades que el bloqueo le ha impuesto al sector de la salud cubana. Al respecto, anotó: “Los niveles de actividad han bajado pero ninguno de los servicios se ha detenido”.
Explicó, además, que de los más de 50 mil casos de cáncer que se diagnostican cada año en nuestro archipiélago, el 37% de los nuevos casos pudieran ser prevenibles.
“4 de cada 10 casos de cáncer en Cuba pueden ser prevenibles. Entre ellos, los asociados al tabaquismo, el alcoholismo y el sedentarismo”.
El doctor Martín reiteró su compromiso y el de los médicos oncólogos de nuestro país de trabajar y mitigar todos los efectos posibles del cáncer dentro del recrudecido bloqueo.
Aunque el hospital tiene autonomía electroenergética, gracias a la prioridad y protección del Estado y del Minsap, los trabajadores forman parte de la población de nuestro país, y se ven limitados por la falta de transporte, por lo cual muchísimas veces pasan mucho trabajo para llegar en tiempo a tratamientos y consultas que deben comenzar muy temprano en la mañana.
No obstante, la guardia médica localizable y los servicios de emergencia tienen su combustible garantizado, así como los pacientes de oncopediatría que, en ocasiones, deben trasladarse a otros centros. “Ningún niño ha dejado de darse un tratamiento por falta de combustible”, aseveró.


Por su parte, el Dr. Elías Antonio Gracia Medina, jefe del Grupo Nacional de Oncología, Radioterapia y Medicina Nuclear del INOR, expresó que pese a que se ha respondido a una salud en tiempos de economía de guerra, Cuba y el sistema de salud no han dejado de desarrollarse tanto en la parte organizativa como en la investigativa donde, en el pasado 2025 más de 46 profesionales participaron en eventos internacionales.
Explicó, también, que si no existiera el bloqueo y Cuba tuviera más protocolos de investigación y ensayos clínicos, restringidos por causa de la sanción impuesta a Cuba hace 64 años por los gobiernos de Estados Unidos, los pacientes tendrían más posibilidades de sanar.
Ante tales argumentos, una pregunta resaltó por parte de los conferencistas: ¿Qué sería Cuba sin el bloqueo? A lo que el doctor Luis Alberto Martínez Blanco respondió: “Nuestro pueblo y el mundo está convencido de que Cuba sin el bloqueo sería, por su capacidad de innovar en la ciencia, por su capacidad de salvar vidas y por su solidaridad, una nación de gran utilidad”.
Oncopediatría
En la sala de Oncopediatría del Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología de La Habana, el personal médico libra cada día una batalla silenciosa y heroica. Su labor no se limita a aplicar tratamientos, sino a sostener la esperanza de familias enteras que llegan con el corazón desgarrado.
Con una entrega que desborda lo humano, acompañan a los niños en sus jornadas de dolor y resistencia, convirtiendo cada gesto médico en un acto de amor y dignidad. Allí, la ciencia se mezcla con la ternura, y la disciplina profesional se transforma en un abrazo que sostiene la vida.
Sin embargo, el bloqueo impuesto a Cuba se convierte en una sombra que dificulta esta misión. La imposibilidad de adquirir determinados fármacos obliga a los especialistas a reinventar protocolos, a variar tratamientos y a buscar alternativas que, aunque ingeniosas, no siempre logran suplir lo necesario.
Cada medicamento que falta es una herida abierta, un obstáculo que se interpone entre la ciencia y la posibilidad de salvar vidas. Los médicos, con creatividad y resistencia, enfrentan estas carencias, pero el dolor de saber que un niño podría recibir un tratamiento más eficaz si no existieran esas barreras es un peso que nunca se aligera.
En medio de ese escenario, la voz de Arlenys Martínez Scull, una joven madre de 25 años que acompaña a su hija Ariannys, de apenas 4 años, comenta que viene desde un batey en Los Arabos, provincia de Matanzas.
Su testimonio se alza como ejemplo de gratitud. Ella reconoce en los médicos no solo a profesionales, sino a guardianes de la esperanza, que han hecho posible que su pequeña siga luchando pese a las dificultades.
Con lágrimas en los ojos, Arlenys agradece cada esfuerzo, cada desvelo, cada palabra de aliento que recibe en la sala. Su gratitud es también la de un pueblo que, aun en medio de la adversidad, sabe reconocer la grandeza de quienes defienden la vida de los más vulnerables: los niños que enfrentan el cáncer.


Tomado de Cubadebate









