El día 14 de febrero hubiera sido la mejor fecha para escribir sobre la pareja que hoy es protagonista de mi historia. Cuestiones de índole familiar me impidieron redactar lo que desde mi primer contacto con ella, se convirtió en móvil y fuente de inspiración.
Bodas de oro no se celebran todos los días, ni 50 años de relación suelen sustentarse siempre de ternura y entrega infinitas, como suele ocurrir con Margarita Valdés Hernández y Enrique Rojas Castro, dos pinareños que en su afán de formarse como maestros en el año 1970 encontraron el camino del amor que hasta hoy perdura.
Limones era el nombre del lugar del municipio de Sandino, donde ocurrió el flechazo y se regocijan al recordar aquella etapa por lo que representó en su apego al magisterio, ese que aún ilumina sus pasos y los ha colmado de éxitos dentro del sistema educacional.
Bastó una mirada y un simple contacto para que surgiera el más puro de los sentimientos que los une hasta nuestros días. Ella no llegaba a los 15, él cuatro años mayor.
Contrajeron matrimonio en 1975 y como el mejor de los frutos, dos hijos varones fueron el resultado de su unión años más tarde.
Con orgullo brillan sus ojos en señal de triunfo y satisfacción cuando rememoran el pasado.
Al narrar lo vivido, comentan de su amplio recorrido como profesionales de la educación donde ambos llegaron a formarse como máster.
El aporte como internacionalista en varias naciones enriquece el expediente de Rojas Castro, amante de la asignatura de Geografía. El Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Federico Engels de Pinar del Río, otrora ESVOC, es conocedor de su destacado papel durante muchos años.
Margarita, por su parte, en su tarea de formar a las nuevas generaciones, transitó por la Escuela de Iniciación Deportiva Ormani Arenado, la de Instructores de Arte y desde el 2011 en el Instituto Superior Pedagógico imparte clases de Didáctica de la Lengua Española.
La base de todo lo logrado en sus vidas, ha sido el amor.
Al preguntarles la fórmula para durar tanto tiempo juntos, coincidieron que no pueden faltar el respeto, la comprensión, la tolerancia, la unión familiar y la consideración, factores claves para mantener una relación.
«Me siento enamorada como el primer día», así dijo Margarita, en quien aún brillan los ojos cuando habla y mira a su amado Enrique.
Él con un gesto tierno y dulce, ríe al escuchar sus palabras y la abraza como símbolo de que el amor que surgió en Limones, aún vive.









