En el corazón de la ciudad de Pinar del Rio se levanta una de las construcciones más singulares del occidente cubano: el Palacio de Guasch. Majestuoso, ecléctico y cargado de simbolismo, este inmueble no solo destaca por su belleza arquitectónica, sino también por la misión cultural y científica que alberga en su interior.
Esta semana tuve la oportunidad de recorrer sus espacios y contemplar de cerca la riqueza que atesora esta joya arquitectónica. En lo personal, considero que adentrarse en este lugar es encontrarse con la esencia más genuina y hermosa de la cultura pinareña.

Edificado entre 1909 y 1914 por el doctor Francisco Guasch Ferrer, el palacio constituye una muestra excepcional de eclecticismo. Sus torres, arcos y detalles ornamentales lo convierten en una referencia obligada del patrimonio arquitectónico vueltabajero.
Actualmente, el edificio acoge el Museo de Ciencias Naturales Tranquilino Sandalio de Noda, institución dedicada a la promoción del conocimiento científico y a la preservación del patrimonio natural.
En sus salas expositivas, el visitante puede apreciar colecciones de la fauna cubana, muestras paleontológicas y representaciones de especies que forman parte de la riqueza natural de la Isla.

Más allá de su función museística, el Palacio de Guasch constituye un espacio de encuentro para estudiantes, investigadores y familias, que descubren allí una oportunidad para acercarse a la ciencia desde una perspectiva educativa y cultural. Su valor trasciende lo arquitectónico: es símbolo de identidad y memoria para los pinareños.
Conservar y promover este emblemático inmueble es también defender la historia y el patrimonio de Cuba, una nación que atesora en cada ciudad, historias que merecen ser contadas.
Sin dudas, regresaré a esta emblemática institución, porque cada visita se convierte en un nuevo diálogo con nuestra historia.













