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‟Jaque mate al seguroˮ. La producción simbólica de Yoan Capote

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Dentro de la escena de las artes visuales contemporáneas cubanas uno de esos nombres que no permite exclusiones a pesar de su juventud es el del versátil escultor, dibujante e instalacionista Yoan Capote. Este es un artista visual que ha “abrazado” como pocos los más disimiles soportes y recursos como medios de expresión.

Uno de los registros más recurrentes dentro de su amplia producción simbólica ha constituido la capacidad que posee el creador para articular el estado “sicológico” de los seres humanos con su propuesta estética, mediando de manera sustancial una elevada carga metafórica y discursiva que le impregna a cada pieza y con ello desplegando de manera sistemática una especie de “metodología” investigativa y representacional del artefacto u objeto que nos rodea (particularmente interesante) para situarlo dentro de su puesta en escena como detonante de la interactividad sensorial con los espectadores, en muchas ocasiones con un alto grado de espectacularidad por medio de la utilización de la escala monumental que ha fungido como elemento capital de sus puestas en escena y narraciones ideoestéticas que, en mi opinión, ha encontrado un fuerte eco constructivo en el campo del diseño.

Para este creador la “extrapolación” y “resignificación” semántica de un objeto o simplemente un estado físico o mental del ser humano reviste una importancia irrefutable para la construcción de su propuesta, sobre todo por el carácter funcional y discursivo que se advierte en muchas de sus obras, tal es así que puestos a dialogar con sus respectivos códigos(propios y naturales), semejanzas y significaciones (modificados por el propio creador) logran hacer un trueque narrativo fundamental ¿cuál? lograr que en un inicio una parte importante del contenido este implícita en el propio contexto de exhibición y su altísimo grado de  conexión y el reflejo social que establece con los espectadores.

En tal sentido su imaginario dentro del campo del diseño adquiere una evocación superior, sobre todo en lo concerniente a sus marcados e incisivos juegos con la “ironía” que funciona particularmente para cada artefacto creado o recreado donde han confluido el olfato, el tacto, lo sensorial y hasta lo sensual en algunos casos, una suerte de práctica que se suele llamar polimorfa (dentro del campo artístico), advirtiendo, señalando y cuestionando determinadas preocupaciones de índole emocional, social, cultural, política y circunstancial sobre determinada sociedad, obras como: Stress, Concreto y bronce, 250 x 60 x 60 cm, 2004, Casados, Cuero, 8 x 40 x 80 cm aprox., 2004, Racional, Yeso y plexiglás, 80 x 55 x 55 cm, 2004, Lagrimal, sistema de bebedero, bronce cromado, vino tinto y monedas, 2001-2010, Intransit, Instalación, Concreto sólido y metal, maletas a tamaño real, 2002 y American Appeal, Óleo, anzuelos y puntillas sobre papel de lino sobre plywood, 280 x 600 x 15 cm, 2010, entre otras colocan al espectador en una especie de estado “dramático” y situacional que ha sido ‟drenadoˮ no solo por medio de la experiencia del autor sino también del público que sin pretenderlo se ha convertido en esa suerte de laboratorio inagotable para que el creador pueda adentrarse en la naturaleza más recóndita de las fases emocionales, anatómicas, biológicas, simbólicas y hasta eróticas pocas veces exploradas y experimentadas dentro del discurso del arte contemporáneo cubano.

Solo me resta apostar siempre por un artista de esta naturaleza cuyos recursos para producir la obra pueden llegar desde cualquier sitio, solo basta su capacidad creativa para que active de manera inevitable en nuestra conciencia la siguiente pregunta; ¿qué parte de nuestra anatomía, estado sicológico u objeto cotidiano habrá sido motivo de representación estética de Capote como pretexto discursivo para construir su más reciente propuesta? Una pregunta que nos mantiene en jaque pero que en fondo deseamos que nos ‟mateˮ.

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