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La relación entre los trastornos visuales y el desarrollo de las enfermedades neurodegenerativas

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Foto: Tomada de internet

Investigaciones publicadas en la revista Science sugieren que la visión puede predecir la demencia 12 años antes del diagnóstico. Recientes estudios realizados en Reino Unido y en Australia indican que quienes obtienen peores resultados en pruebas de visión sencillas tienen un mayor riesgo de desarrollar demencia en un plazo de más de una década.

El estudio británico halló que los participantes con una velocidad de procesamiento visual más lenta tenían mayor probabilidad de desarrollar demencia en los siguientes 12 años.

Mientras, la pesquisa australiana mostró que el deterioro de la agudeza visual era un predictor significativo del deterioro cognitivo durante un período similar al mencionado.

Este estudio observacional incluyó a más de 12.300 participantes de entre 55 y 73 años, algunos de los cuales habían sido diagnosticados con DMAE, cataratas, enfermedades oculares relacionadas con la diabetes o glaucoma. Se realizó una evaluación inicial entre 2006 y 2010 y se realizaron evaluaciones periódicas de seguimiento hasta 2021.

Durante este estudio, 2.300 participantes desarrollaron demencia.

Según el estudio, se mostró lo siguiente:

  • Las enfermedades oculares relacionadas con la diabetes aumentan el riesgo de demencia en un 61%
  • La degeneración macular relacionada con la edad aumenta el riesgo de demencia en un 26%
  • Las cataratas aumentan el riesgo de demencia en un 11%

Aunque el glaucoma no se correlacionó directamente con un mayor riesgo de Alzheimer, el estudio sí encontró una correlación entre el glaucoma y la demencia vascular, un tipo de demencia que a menudo aparece tras un ictus.

Los investigadores también encontraron un mayor riesgo de demencia entre quienes diagnosticaron múltiples afecciones oculares, así como entre quienes fueron diagnosticados con una afección ocular además de una condición sistémica, como la diabetes o antecedentes de ictus o enfermedades cardíacas.

Este estudio destaca una correlación entre ciertas afecciones oculares y la demencia, pero enfatiza que las afecciones oculares no causan realmente demencia.

Problemas de visión relacionados con la demencia

Los problemas de visión y, a veces, la pérdida de visión pueden ser uno de los primeros signos de demencia y, según la investigación, cuando las vías visuales no se estimulan, la demencia puede progresar más rápidamente. La demencia suele causar problemas de visión que pueden interferir en la vida diaria, incluyendo:

  • Dificultad de lectura
  • Dificultad con el reconocimiento facial
  • Desinterés por aficiones y actividades diarias
  • Dificultad para localizar objetos
  • Movimientos corporales descoordinados

Los ojos y el cerebro comparten tejido nervioso a través de la retina y el nervio óptico, que funcionan como una extensión del sistema nervioso central. Enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer pueden manifestarse en el sistema visual.

Esto implica que ciertos indicios de alteración visual podrían ser una manifestación temprana de procesos degenerativos en el cerebro. Algunas investigaciones han llevado a detectar acumulación de beta-amiloide, una proteína asociada al Alzheimer, en la retina, lo que refuerza el vínculo directo entre el sistema visual y el cerebro. Además, los mismos procesos inflamatorios y vasculares que afectan al cerebro también pueden afectar al sistema visual, lo que sugiere un mecanismo biológico común entre ambas condiciones.

Pérdida sensorial y carga cognitiva

La pérdida de visión no tratada o corregida, como la relacionada con el proceso de envejecimiento, puede contribuir al deterioro cognitivo al reducir la estimulación sensorial y las interacciones sociales. Esto puede mermar la reserva cognitiva, un mecanismo que proporciona resiliencia frente al posible desarrollo de demencia.

La disminución de la percepción de información sensorial también podría llevar a la atrofia de ciertas regiones cerebrales. Al igual que ocurre con la pérdida auditiva, la disminución en la percepción de estímulos a causa de la alteración visual podría provocar cambios estructurales en el cerebro, exacerbando el deterioro cognitivo. Además, las alteraciones visuales pueden aumentar la carga cognitiva, ya que tareas cotidianas como leer, manejar finanzas o incluso desenvolverse en entornos desconocidos pueden requerir un mayor esfuerzo mental.

Por otro lado, la pérdida visual favorece la disminución de la interacción social por limitar la capacidad de las personas para participar en actividades cognitivamente estimulantes, como participar en reuniones, actividades de ocio, asistir a eventos culturales o incluso interactuar con su comunidad, pudiendo llevar a una situación de soledad no deseada, otro factor que juega en contra de la salud mental y cerebral.

Factores inflamatorios y vasculares

Algunas afecciones que derivan en alteraciones visuales, como las cataratas y la retinopatía diabética, están asociadas a inflamación crónica y daño en los vasos sanguíneos, lo que puede contribuir al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas. Su control temprano puede reducir el riesgo de demencia.

Además, se ha observado una relación entre tratamientos como la cirugía de cataratas y una mejoría de la función cognitiva al restaurar la entrada de luz y estímulos visuales al cerebro.

Si se detectan estos comportamientos, un examen ocular puede ayudar a determinar si una afección ocular está en la raíz de estas dificultades.

A estos hallazgos se suman las evidencias aportadas por la última Comisión sobre demencia de The Lancet, publicada en 2024, que identificó la pérdida de visión en la vejez como un nuevo factor de riesgo para el deterioro cognitivo, contribuyendo hasta al 2,2 % de los casos.

En tanto, la pérdida auditiva no tratada en la mediana edad contribuye a un estimado del siete por ciento de los casos.

Según los expertos, identificar estos cambios a tiempo y abordarlos puede ayudar a reducir el riesgo de desarrollar demencia. 

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