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Cuba celebró los cien de Fidel, el caballo

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Foto: Estudios Revolución

Este 13 de agosto de 2026, un siglo de vida después, la Historia volvió a agrandar sus portones para celebrar los cien de Fidel, el caballo, y en esa celebración de país estuvo presente el más fidelista de todos, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, líder al frente de la Revolución Cubana.

Junto a Raúl, que celebró la fecha con el cariño inigualable del hermano de sangre y el orgullo infinito del hermano de luchas, también encabezó la jornada el Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Al teatro Karl Marx, escenario del hermoso acto político cultural por el centenario del Comandante en Jefe y la clausura del I Coloquio Internacional Fidel: legado y futuro, también asistió, de manera especial, el Comandante del Ejército Rebelde José Ramón Machado Ventura.

Participaron, además, integrantes del Buró Político, del Secretariado del Comité Central, otros dirigentes del Partido, del Estado y del Gobierno, representantes de las organizaciones políticas, de masas y sociales, los jefes principales del Ministerio del Interior y de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, la familia del Comandante en Jefe y colaboradores muy cercanos.

Para celebrar la sobrevida de Fidel, más vivo que nunca, también se dieron cita, en representación del pueblo cubano, personalidades de la cultura, el deporte, la ciencia, la salud, académicos, juristas, diplomáticos, campesinos, cederistas, federadas y jóvenes de diversos sectores.

También allí los delegados al Coloquio, que sesionó desde el pasado día 10 en La Habana y reunió a amigos de 63 países. Fueron ellos los primeros en corear un «Fidel», «Fidel» rotundo, que dio paso a un «Se oye, se siente, Fidel está presente». Y en verdad lo está, multiplicado en los hombres, en sus ideas, hecho Revolución, su más grande obra.

Al pronunciar las palabras centrales del acto, el Presidente Díaz-Canel hizo un repaso de la vida fecunda de Fidel. Es el centenario de un guerrero, dijo, «de un rebelde, de un luchador, de un justo de Cuba, de África, de Asia, de América Latina y el Caribe. Un justo de la Humanidad».

Llamó la atención sobre la exitosa realización del Coloquio, en medio de la crudeza del brutal cerco imperial, reconoció a los hombres y mujeres que superaron todos los obstáculos para acompañar a Cuba en esta hora crucial y mencionó con particular emoción a los jóvenes, a quienes nombró como la Generación del Centenario de Fidel.

«Fidel no es solo de Cuba. Fidel es de todos los revolucionarios del mundo que admiran su obra y comparten sus ideas. Fidel es de toda la Humanidad», afirmó Díaz-Canel. Ser fidelista, aseguró, es definirnos como permanentes luchadores antiimperialistas y contra todas las injusticias del mundo.

De Fidel aprendimos, recordó el mandatario, que siempre hay que salvar tres principios irrenunciables: la independencia del país, la Revolución (…) y los valores y las conquistas que el socialismo representa. Y en esa dirección se encaminan las transformaciones económicas y sociales emprendidas.

«Cuando los historiadores del futuro miren atrás en el tiempo, buscando a Fidel Castro Ruz, ya no verán solo a un hombre», subrayó el Presidente.

Verán a millones que, inspirados en su ejemplar vida, se ganaron un lugar en la historia, con la firmeza que este pueblo ha demostrado.

EL LEGADO DE UN HOMBRE PAÍS 

Fueron los niños quienes les rindieron el mejor de los homenajes a Fidel, que es un país, inagotable en su hacer, inspiración para hoy, bala trazadora de porvenir.

La compañía de teatro infantil La Colmenita buscó otra vez en las esencias, como solo los pequeños saben hacer, y nos regaló una obra que sintetizó el legado de un hombre: el deporte como derecho del pueblo; la ciencia, como necesariamente tenía que ser el futuro de la Patria, y los héroes, esos que le ponen rostro a la dignidad.

El escenario se vistió de campamento de pioneros exploradores, sitio que por su utilidad el Comandante siempre distinguió. Y cobró vida entre glorias deportivas como Ana Fidelia o Pedro Luis Lazo; entre científicos como Jorge Berlanga o Belinda Sánchez; entre héroes como Antonio o Gerardo, y también Elián, por quienes Cuba libró, comandados por Fidel, duras batallas. Y venció junto a Raúl.

En la voz de Antonio escuchamos ese texto hermoso de Eduardo Galeano que describe la vida humana como «un mar de fueguitos». Y es que Fidel, parafraseando al autor, «ardió la vida con tantas ganas que no se le puede mirar sin parpadear», y quien se acerca hoy, como ayer, se enciende.

Frases de Martí, dichas por Belinda, resultaron un traje a la medida del Comandante, que fue, sin dudas, el mejor discípulo del Apóstol. «Si de algo serví antes de ahora, ya no me acuerdo: lo que quiero es servir más», dijo el Héroe Nacional y en cada palabra halló acomodo Fidel, que seguirá comandando nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo.

No faltó en cada definición del Comandante, de su quehacer inabarcable, esa palabra maravillosa que junto a él Cuba convirtió en bandera: solidaridad. Porque de Fidel aprendimos a compartir lo que tenemos. Bajo esa premisa, una pequeña nación del Caribe ha llegado a los lugares más recónditos en nombre de la vida, mientras otros solo llevan muerte.

Cuba lo sabe hacer mejor que nadie: mantenerse de pie, con la frente en alto y la mano extendida para ayudar. Esa es la Cuba de Fidel, que sigue obrando el milagro, que, al salvarse, salva.

Vencedor de imposibles, el Comandante fue un Quijote y así lo describieron los pequeños artistas. Katiuska Blanco, escritora y periodista, contó pasajes de la infancia del líder en Birán. Desde aquel entonces supieron identificar «su madera» y su capacidad para llenar «con páginas brillantes el libro de su vida».

De cómo hacerles frente a los desafíos de hoy con creatividad, unidad e inteligencia, del muro que es el bloqueo, el peor de todos, pero no más fuerte que la voluntad de vencer, habló La Colmenita. Esa convicción, como también nos alertó el General de Ejército, nace de «la permanente enseñanza de Fidel», cuyo legado, y así lo ratificó el Coloquio, continúa siendo la brújula más precisa.

La amistad inmarchitable de Chávez y Fidel fue otro flashazo entre cien años de historia. De la anécdota narrada en voz del líder bolivariano trascendió una moraleja: a nadie le era indiferente la extraordinaria personalidad del Comandante en Jefe.

Como de costumbre, la poesía y la música cubana fueron el hilo conductor de toda la puesta en escena. Estremecieron la melodía del Himno del 26 de Julio, allí donde Fidel, Raúl y los demás moncadistas supieron convertir el revés en victoria, y las notas del Himno Nacional, que nos siguen llamando al combate, hoy bajo amenazas, y nos reiteran que «morir por la Patria es vivir».

Para celebrar sus cien llegó a galope el caballo, agrandando, como diría el poeta, los portones de la Historia. El auditorio en pleno le cantó «feliz cumpleaños», como lo hizo Cuba, que es su casa grande, guiados por Raúl, protagonista junto a Fidel de incontables páginas de gloria.

Cuando bajó el telón se escuchó fuerte: «Yo soy Fidel», «Cuba no está sola”, y el teatro se desbordó de aplausos. ¿Acaso alguien duda que Fidel vive?

Tomado de Periódico Granma

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