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Exprimir el intelecto. La obra de Eduardo Ponjuán

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Filosófica y conceptual son algunos de los elementos visibles dentro de la producción simbólica del premio nacional de artes plásticas Eduardo Ponjuán. Este es un creador multidisciplinario que, en la mayoría de sus propuestas se percibe una apuesta sistemática hacia la instalación, el objeto y el arte conceptual, sobresaliendo desde el punto de vista ideoestético las referencias al minimalismo como detonante discursivo que lo han hecho construir una de las propuestas más experimentales e interesantes dentro de la historia del arte cubano posterior al triunfo revolucionario.

Teniendo en cuenta su vasta producción a lo largo de más de cuatro décadas de labor, resulta inevitable no focalizar la mirada en algunas disciplinas esencialmente puestas de relieve dentro del arte contemporáneo cubano donde su incidencia y referencia ha sido notable en varias generaciones de artistas visuales. En este breve acercamiento he querido concentrarme en la instalación y el libro objeto como construcciones simbólicas, conceptuales, sociológicas y epistemológicas dentro de su praxis ideoestética.

Una buena parte de sus instalaciones han sido concebidas y proyectadas a gran escala (una praxis habitual en muchas de sus piezas), sin embargo no escapan en su sentido metafísico de ‟taladrar” el contexto y las circunstancias, introduciéndose desde la forma y el contenido dentro del tejido del imaginario social; Para ello se ha valido de la utilización de algunos elementos y recursos en plena relación con un espacio y tiempo específico, tales como el papel de techo y el asfalto (por solo mencionar algunos) que empleara en su muestra personal Koan, Museo del Ron, 2003 en la habana. Por otro lado, y en esa misma línea estética radicó el manejo de los tanques de 55 galones y gallos de pelea disecados para la construcción de la obra Yo soy un hombre no minimalista, 2004. Muchos de los elementos extraartísticos empleados por el autor forman parte indiscutible de la memoria histórica de la sociedad cubana donde el ‟artefacto” re-construido parece emanar las más diversas lecturas conceptuales, paradójicamente relacionadas con el campo de lo sarcástico y popular, centrando su atención en torno al hombre y su capacidad meditativa para descifrar algunos acertijos de la vida…y sobrevivir.

Ponjuan se ha especializado en lograr el llamado “impacto visual” desde el primer contacto con su obra, ya sea por la escala o por el alto vuelo conceptual que amparan; No menos importante ha sido la intrínseca relación política, social, psicológica y cultural que suele explayar en forma de bofetada hacia nuestro contexto, donde interviene, modifica y reactualiza a su antojo los objetos y símbolos para cuestionar entre otros tópicos; el sentido de la utilidad monetaria del peso cubano, su valor y significación histórica en un contexto como el nuestro etc.etc.etc percibido en obras como: Hundido en la línea del horizonte, monedas de aluminio y níquel de un centavo cubano y una moneda de plata de peso cubano de 3.8 x 153 x 0.5 cm de altura del año 2007 y Un peso, pesa de bronce, cable de acero y monedas de latón de un peso cubano realizadas en la habana en 1992,  de 277 cm del año 2007.

En otras piezas la inducción filosófica desde y hacia el hombre nos coloca frente a las encrucijadas del universo y sus posibles travesías a descifrar como incógnita, apreciada en la obra Sur, 2007, Enviroment, Brújula empotrada al suelo, dimensiones variables: Aquí es evidente la alegoría al viaje, una especie de retorno o quietud ante lo desconocido parece contener su núcleo primigenio, colocando el tiempo, la duda y el poder de decisión como testigos de una “incertidumbre” que solo se rompe cuando “saltamos” o rompemos ese impasse que parece fraccionar todos los pronósticos ante la brújula del “destino”

También esa sensación tiende a suceder desde otra línea estética con su serie de obras Libros objetos, aquí el elemento del símbolo (libro) con todas sus codificaciones, ramificaciones y construcciones históricas, epistemológicas y espirituales ocupan un lugar protagónico, tal y como se observa en obras como El desierto crece, creyón, tinta china, carborundo y libro objeto sobre tela, 195 x 130 cm, 1996 y Mayor 52, libro objeto, 45 x 32 x 50 cm, 1997; En ambas se aprecia un viaje introspectivo desde y hacia lo más íntimo del conocimiento del ser y a su vez subyace desde la mirada abstracta su afán de colocarnos ante lo desconocido bajo el cobertor de una “máscara” hermética como suelen ser las cubiertas de los libros, esos  que aguardan y protegen sus más preciados misterios en su interior.

Caminar hacia el encuentro con la obra de Ponjuan siempre constituirá un sendero hacia lo más recóndito y exigente del pensamiento y el conocimiento humano. El dialogo con su obra nunca será de corte facilista, pero en caso de que esto suceda puedo advertir una trampa al seguro, casi toda su producción ha constituido un “laberinto” plagado de “códigos” y escaramuzas que solo tiende a descifrarse sobre a base de una profunda mirada reflexiva y meditativa.

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