Farmacia es un proyecto artístico-pedagógico pinareño, concebido en un primer momento como asignatura para el entorno académico de las artes visuales en la provincia y retomado desde hace años en el actual segundo momento. Constituye una singular iniciativa formadora, abierta a sistemas de pensamiento y creación más allá de lo local.
Comprende talleres para todas las edades: espacios de creación, intercambio y construcción individual y colectiva de los que han surgido varias exposiciones. Y desde hace años viene insertándose en eventos culturales –salones provinciales, Salón de Arte Contemporáneo, Bienal de La Habana, etc.-, a partir de discusiones teóricas, proyectos curatoriales y algunas intervenciones performáticas.
Es un proyecto que promueve el conocimiento, la investigación estética, la creación artística, la enseñanza y la convicción de experimentar a través de ello cierto crecimiento o elevación del espíritu. Resulta una plaza para la actualización sobre identidades locales, regionales y globales; una atenuante frente a las desigualdades del consumo cultural y un caldo de cultivo para varias líneas de desarrollo social.
La Farmacia telúrica 2, nombre con el que se conoce desde sus redes sociales, trabaja en función del diálogo, la conversación productiva, la confrontación de propuestas, el análisis de los supuestos actuales en relación con el arte, su fenomenología y los mecanismos en torno a sus movidas. Asume como premisa indispensable la conexión de sus miembros con su memoria territorial –considerando como territorio las herencias geofísicas, gnoseológicas, espirituales, planetarias; sus vínculos e interrelación con el universo desde cada patrimonio tangible e intangible, comenzando por el abordaje de la historia y experiencia propias-. Es por ello que, además de todo el programa flexible y cambiante que proyecta -estudios sobre Antropología, Psicología, Psicoanálisis, Historia del Arte y otras materias afines-, se enfoca en la investigación exhaustiva de los orígenes e historia de cada individuo y sus diferentes entornos.

Los recintos de apreciación y creación que suponen sus talleres fueron recreados y socializados durante la 13 Bienal de La Habana, en que fueran invitados desde el accionar en sus espacios habituales. Nos saltamos el mar, Llenar el corazón, Dibujo Preparatoria I, Pintura Preparatoria II y Del Ritual al Arte Contemporáneo, fueron puestos en perspectiva desde varias exposiciones –Farmacia, una concepción, una escuela; Volver a la tierra; Ser y estar; y Árbol del mundo-, varios ciclos de conferencias y un considerable grupo de obras de sitio. Confluyeron entonces artistas cubanos y extranjeros, gestores y críticos de arte, estudiantes y familiares, que junto al público recorrieron no solo galerías tradicionales y alternativas, sino casi toda la provincia.
En la 14 edición de la Bienal, también estuvo Farmacia y nuevamente fue convocado a dinamizar sus escenarios cotidianos de actuación, durante las tres experiencias del gran evento. En dicha cita quedó evidenciado su consolidación y enfoque. La socialización de realidades y códigos culturales diversos fue traducida en exposiciones –Aproximaciones, Óptica de precisión-; conferencias –Farmacia: volver a la tierra-; boletines promocionales –BOTK´N-; acciones públicas –Gestos– e investigaciones sobre los más diversos ecosistemas humanos –Paisajes cómplices-. Disímiles universos simbólicos continuaron acercándose, compenetrándose y expandiéndose a través de los miembros del proyecto. Lo que se pudo apreciar en artistas reconocidos como Dalia Rosenthal –Brasil- y sus búsquedas de rasgos identitarios, imaginarios latinoamericanos, exploraciones en los discursos hegemónicos y reflexiones sobre el coloniaje. James K. –Canadá- y sus profundas meditaciones sobre el origen de la comunicación y la simbología de los lenguajes. Ricardo Sánchez Cuerda –España- y su creación de ambientes propiciatorios de conversación y análisis sobre naturalezas, psicologías y disposiciones cívicas y sociales. Juan Carlos Rodríguez –Cuba- y su pesquisa inagotable de símbolos que traduzcan su conexión familiar y cósmica, etc. Y también en artistas más jóvenes cuyas búsquedas estéticas se han ido afianzando o renovando como en los casos de Orlando Barrera y Raydel Iglesias, que han intervenido espacios para desde el environment cuestionarse conceptos antropológicos, planteos sicosociales y deconstrucciones de la realidad que la instalación y la fotografía no les facilitaban como al inicio de sus viajes creativos. Abel Morejón -Cuba- que comenzó a experimentar con la fotografía y el video para continuar ahondando en asuntos relacionados con la identidad, cada vez más interesado en la búsqueda desde sí. Javier Ampudia -Cuba- que asumió nuevas rutas en la instalación, el objeto esculturado y el environment, enfocado en las herencias materiales de sus ancestros y las conexiones espirituales desde los usos y experiencias comunes a través de los rituales. Luis Orlando Álvarez -Pako-, -Cuba/Canarias-, que materializó años de investigación sobre sus articulaciones genealógicas, a través de la conceptualización y concreción de símbolos asociados a su existencia, al inicio, y ahora desde lecturas más líricas, imbricadas con nociones de permanencia y añoranza de esencias e identidades. O Yerandi Pérez, que fue enriqueciendo notablemente su propuesta simbólica y sus reflexiones sobre sistemas humanos, sociales y coyunturales en función de mecanismos y maquinarias, a través del audiovisual.
Para entonces, las exposiciones nos mostraron actualizaciones y concreciones investigativas y curatoriales. Los paisajes nos hicieron cómplices de visiones globales y complejas. Las conferencias fueron la posibilidad para el diálogo, la comprensión y la valoración. Cada gesto nos hizo partícipes y no simples espectadores. Los boletines y cápsulas de opinión, nos facilitaron memorias y referencias. Y la presencia del proyecto en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, el Centro Provincial de Artes Visuales, el Museo de Arte Pinar del Río -MAPRI-, la Galería Tele Pinar, la Galería Vallesoy, museos, escuelas, barrios, los tantos espacios de tránsito cotidiano y en las tantas redes sociales de sus miembros, resultaron incuestionables señales de expansión congruente, pertinente y sostenible.
Todo un trabajo que se superaría con creces en la 15 Bienal de La Habana, a partir de nuevos enfoques relacionados con la tercera edad –en materia de salud mental y física-, las campañas de cuidado y saneamiento animal –que involucraron a miembros de varios países, más de cincuenta veterinarios de la provincia y varias instituciones culturales- y las acciones para rehabilitar los espacios del proyecto en Montequín –donde se sigue transformando cada local en aras de fortalecer aprendizaje y sostenibilidad-.
Farmacia comparte conocimientos, maneras de hacer y modos de comunicarse mientras pone sus materiales y equipamiento a disposición de todos. Tomando como punto de partida la memoria telúrica, crea grandes vínculos entre el sujeto, su conciencia sobre su existencia y realidad, y su percepción del otro. Fomentando análisis sobre numerosas áreas de investigación y fenómenos que inciden directa o indirectamente en el arte, no solo agudiza la apreciación artística y estética de sus miembros o aquellos que atestiguan sus acciones y programas, sino que facilita lecturas sobre discusiones actuales indispensables para cualquier línea de desarrollo congruente –cultura, coloniaje, poder, hegemonías, raza, género o equidad social-. Asumiendo diferentes niveles de lenguaje para las diferentes edades y las herramientas psicológicas y tecnológicas que ello implica, logra que germinen las semillas de la disposición crítica y creativa, al tiempo que un gran sentido de pertenencia de miembros y familiares –en el caso de los menores-. A lo que se suma que facilitando bibliografía y fomentando la posibilidad de conexión conjunta y el ejercicio constante de la observación, la reflexión y la valoración, hace posible que los tan diferentes grupos sociales de los que proceden sus miembros y todo lo que estos suponen en materia de acceso a la información, encuentren una especie de resistencia alternativa frente a las paradójicas fuentes actuales. La premisa fundamental –tanto en días de Bienal como en los ordinarios- sigue siendo ofrecer arcilla y visiones para moldes, utilidades y descubrimientos.
Su proyecto más reciente, Prospectos, inaugurado en el sitio más notorio para los jóvenes artistas de la Asociación Hermanos Saíz en la ciudad, la Sala Real de la Casa del joven creador, nos deja claras muchas de las ganancias de Farmacia. Una exposición de niños y adolescentes jóvenes que parte de su aprendizaje lúdico, su descubrimiento de mitologías y narraciones universales y el trabajo en equipos de discusión y deconstrucción de paradigmas en función de caminos individuales sólidos y más conscientes. Un trabajo curatorial, museográfico, comunicativo y social construido entre todos: alumnos, profesores, familiares e instituciones. Un espacio intervenido y habitado por pequeños y pequeñas que han montado, construido ambientes e invitado a su propia muestra, al tiempo que han acompañado al público desde el agasajo y la complementación teórica en torno a sus piezas y hasta han concebido sus propias campaña promocional y estrategia documental.
Hoy Farmacia constituye esa Escuela de pensamiento que se propuso hace tiempo su líder Juan Carlos Rodríguez. Es indiscutiblemente un oasis de aprendizaje, establecimiento de nexos desarrolladores y crecimiento colectivo. No solo mostrándose como una entidad emisora de códigos artísticos y estéticos –si pensamos en la falta de una academia contemporánea local de artes visuales-; sino evidenciándose como una experiencia abierta a la diversidad y la inclusión, movilizadora de pensamientos, analista de realidades y propiciatoria de transformaciones; definitivamente, como un entorno para la construcción colectiva y la sanación espiritual. Razón por la cual parece constituir un invitado indispensable en la más importante cita de las artes visuales en el país y un proyecto indispensable a la hora de valorar el arte cubano contemporáneo.
Autora: Yania Collazo González









