Con letra de molde y en mayúsculas, anota cada nombre, carné de identidad y centro de trabajo de los que arribamos a la escuela especial Gabriela Mistral, para reportar el inicio del curso escolar, mientras lo hace, divide verbalmente en sílabas cada palabra en la medida que las escribe, y las repite en voz alta. Lo hace sin desdibujar la sonrisa de su rostro.
A pesar de que hacía más de una década que no lo veía, lo reconocí. Es el niño que vi por primera vez en una consulta de psiquiatría infantil en el Policlínico de Especialidades del hospital pediátrico Pepe Portilla, hace 17 años. En aquel entonces también presencié cómo participaba en clases de Educación Física y sus progresos con la lectura: Christopher Esquijarosa Olivera, era uno de los alumnos del aula especial para niños con trastornos del espectro autista que se encontraba en la secundaria Carlos Marx.

Un quinquenio más tarde, en plena adolescencia, lo entrevisté en la escuela especial Hermanos Saíz. Me habló de los vegetales, “son para comer y estar sanos”, me afirmó que le gustaba el centro. Ahora convertido en un joven, forma parte del colectivo laboral, que este curso estrena una nueva sede.
SON MÁS
De una treintena de casos diagnosticados en la provincia en el 2009, hoy superan los 200. El incremento de la prevalencia del autismo es mundial, a juicio de entendidos está asociado a la concienciación sobre el tema y a la mayor preparación de docentes y trabajadores de Salud, lo cual facilita la detección temprana.
A partir del curso escolar 2013-14 el territorio posee un centro especializado, lo que dio respuesta a lo que por mucho tiempo constituyó un reclamo de familias y de pedagogos, una institución exclusiva para ellos, pero el camino fue largo y lleno de escollos, bien lo sabe Yuya.

“Hemos avanzado mucho de aquella aulita a lo que hoy tenemos”, afirma la máster en Educación Especial María Julia Tabares Hernández (Yuya), con 25 años dedicados a la enseñanza de niños autistas. Recuerda sus visitas a la “Dora Alonso”, primera escuela de ese tipo en el país, enclavada en la capital; la capacitación que recibía y lo que le aportaba el intercambio con ese claustro para enfrentar el reto.
Los resultados fueron siempre su mejor acicate. Hay generalidades que son comunes para los niños con trastornos del espectro autista, pero las manifestaciones individuales y el abordaje de estas en función del aprendizaje son clave.
“Christopher tenía preferencia por las guías telefónicas”, rememora y añade, “le incorporaba los libros dentro de ellas y así aprendió a leer y todo lo demás”. Sobre las condiciones actuales precisa: “Estamos en la cima para facilitarles el aprendizaje, pues eso es lo más importante”.
Esta mujer jubilada y reincorporada ha sido por años el asidero de muchas familias, su sensibilidad, constancia y dedicación llevó luz y conocimiento a sitios de sombras. Al preguntarle lo que experimenta al tener a Christopher como compañero de trabajo, el rostro le irradia satisfacción: “Muy contenta, por el logro tan grande y el salto que ha dado”.
El CAMBIO
“Ya no es aquel niño, que en buen cubano definiríamos como ‘macizo’, es un espigado joven de 25 años, que conserva la misma sonrisa y una mirada peculiar”, nos comenta con frases cortas que él antes trabajaba en la escuela Hermanos Saíz, que allí respondía las llamadas telefónicas.
“Ahora estoy empezando en la ‘Gabriela Mistral’, yo atiendo gente, visitas, padres, y no dejo que pasen, solo pueden llegar hasta aquí”, y se refiere a la reja junto a la cual está ubicada su mesa de recepcionista, que limita el acceso a las aulas. A modo de crónica micro social, eso que popularmente llamamos chisme, alguien cuenta que trabaja con tanto rigor, que incluso impidió la entrada al centro del director general de Educación.
Fue a los ocho años que aprendió a leer, estuvo entre los primeros niños, que aun sin las condiciones idóneas, recibió una educación acorde a las demandas del trastorno neurológico que posee; interactúa con extraños, se comunica y está insertado socialmente, con satisfacción personal por lo que hace.
La transformación de Christopher es el resultado de la Enseñanza Especial, pero no es suficiente un caso aislado, se necesita mayor número de oportunidades para los adultos autistas, que el cambio no solo opere en ellos, sino en el entorno que les rodea, y que la autonomía que adquieren se revierta en forma positiva hacia la sociedad.
No basta un diagnóstico temprano, la atención oportuna y la transformación de conductas y comportamientos, entender la irreversibilidad de la condición es esencial para que sean más los que como Christopher se acerquen a la independencia.
Tomado de Periódico Guerrillero








