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Máscara al suelo. Rostros y actitudes del ser humano en la obra de José L. Lorenzo

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La obra de José Luis Lorenzo Díaz (1976-2024) resulta muy fácil identificarla desde su primer contacto. Lorenzo fue un creador pluridisciplinario y experimental que transitó por los más disímiles géneros como la pintura, el grabado, la escultura, la instalación, el videoarte y la ilustración, aspectos que le permitieron no someterse a ningún convencionalismo en boga dentro de las artes visuales.

Desde la génesis de su carrera su obra es identificada por el evidente antropomorfismo en la concepción de sus criaturas, enmascaradas con la única intención de ocultar detrás de un rostro de perro, asno, iguana, pájaro, gato, cerdo, cocodrilo u otros el complejo comportamiento  humano, simbólicamente representado en una especie de «metamorfosis evolutiva» que coloca en el ce(n)tro de la mesa de debates al hombre-animal y viceversa en una especie de fábula donde los personajes desbordan una fuerte carga de doble moral, mentiras e hipocresía; generalmente estos seres Lorenzianos no tienen la intensión de entretener la mirada desde una pose hedonista y contemplativa en su proyección morfológica frente al espectador, buscan todo el tiempo explorar y escudriñar las más diversas actitudes del ser humano de acuerdo a un determinado contexto y circunstancia.

Su obra suele guardar una estrecha relación con algunos elementos devenidos de la sátira, el humor, lo erótico y sexual entre otros, logrado engranar ciertos aspectos entre lo social y político para traducir cierta marginalidad y deterioro de algunos valores humanos como praxis del oportunismo y el abuso de poder que suelen encarnar muchas de sus criaturas ¿con que objetivo? escalar peldaños por encima de todo en cualquier ámbito de la vida.

Quizás por ello se hace visible en cada representación estética la construcción e identificación del hombre-perro, hombre-caballo, hombre-iguana, hombre-gato, hombre-asno y hombre-pájaro etc. con el fin de homologar cada uno de nuestros comportamientos, ya sea desde lo físico, psicológico y existencial para detonar la siguiente pregunta ¿cuánto de perro y gallo tenemos?, ¿cuánto de asno o caballos? o ¿cuánto de camaleón, gato, cerdo y cocodrilo tenemos cada una de las situaciones que se nos presenta en la vida?, tal como se aprecia en la obra: Ni público ni orquesta, de la serie Hasta cuando, experimentación gráfica, 70 x 50 cm, 2023 y Se formó, de la serie El culto a Príapo, acrílico sobre lienzo, 140 x 400 cm, 2013.  

Resulta altamente impresionante la manera objetiva y directa en que Lorenzo nos introduce hacia el siguiente planteamiento: ¿Existe en nuestra sociedad un gran por ciento de personas que vive de apariencias, máscaras y ocultamientos internos que salen a la luz pública una vez que buscan saciar sus deseos más recónditos, ya sea desde lo personal y social para poner al descubierto algunas de las verdaderas intenciones del ser humano?

Por supuesto que sí. Lo cierto es que la psicología humana no ha sido totalmente «descifrada» si tenemos en cuenta la producción simbólica de este creador, sobre todo si intentamos descorrer y comparar una parte importante de su obra con la puesta en escena de la vida real y cotidiana donde los nexos comunicantes entre ambos fluyen de manera natural y automática para alertarnos una vez más sobre las infinitas portadas, contornos, apariencias y fachadas que cubren la belleza física para envolver el verdadero rostro humano.

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