El Mural de la Prehistoria, ubicado en el valle de Viñales, es una de las pinturas a cielo abierto más grandes del mundo. Con dimensiones de 80 metros de altura por 120 metros de longitud, la obra funciona como una cronología visual de la evolución biológica y geológica del archipiélago cubano.
La idea del mural surgió a principios de 1959, cuando el Dr. Antonio Núñez Jiménez informó a Fidel Castro sobre el hallazgo de fósiles de peces, un cráneo de saurio y evidencias de asentamientos aborígenes en las cuevas de la zona. Estos descubrimientos motivaron la creación de una obra pictórica que plasmara dicha historia sobre la roca del mogote.
El 6 de septiembre de 1959 se inició la fase preliminar. El primer paso consistió en la limpieza de la roca seleccionada, eliminando la vegetación existente para permitir el trazado y la aplicación posterior de la pintura.
La pintura comenzó en marzo de 1960 y se extendió durante cuatro años. El proyecto fue dirigido por el pintor cubano Leovigildo González Murillo, discípulo de Diego Rivera.
Debido a la complejidad del soporte vertical, el artista coordinaba el trabaio desde el suelo utilizando binoculares y un micrófono para dar instrucciones a los trabajadores.
La ejecución física recayó en campesinos de la zona. Para trazar las líneas horizontales y paralelas, los trabajadores se suspendían de la pared del mogote utilizando arneses de paracaídas y andamios artesanales fabricados con soga y madera.
Las figuras representadas incluven Megalocnus, Plesiosaurios y Ammonites, además de los primeros habitantes humanos del archipiélago. El conjunto describe los grandes procesos evolutivos que han tenido lugar en el territorio cubano a lo largo de las eras geológicas.













