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Alberto Peraza: la infancia que se convirtió en literatura

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En Río Seco, un poblado de San Juan y Martínez rodeado de campos de tabaco y caminos polvorientos, comenzó la vocación literaria de Alberto Peraza. Desde niño descubrió que los libros podían ser más que entretenimiento y se convirtieron en destino. Las ferias campesinas, las casas de tabaco y los versos escondidos para su madre fueron las primeras señales de una vida dedicada a la palabra.

Su infancia estuvo marcada por la escuela Rafael Morales, los trillos y el arroyo, pero también por la Casa Teatro y la Casa de Cultura, donde participaba en obras teatrales desde los cuatro años. La familia fue el sostén de esa vocación temprana. A los ocho años ya leía a Julio Verne, Daniel Defoe y Saint-Exupéry, mientras sus maestros alentaban su apego al español y la literatura. De esa etapa surgió la semilla de poemas como Espejo, escrito en secreto para su madre.

Entre sus influencias destacan José Martí, Emilio Sarcari y Mijaíl Shólojov, junto a la literatura infantil de Andersen y los hermanos Grimm. También lo marcaron escritores cubanos como Luis Cabrera Delgado. Esa mezcla de referentes universales y locales moldeó un estilo que combina ternura, rebeldía y compromiso social.

La infancia propia fue su mayor fuente de inspiración. Peraza defiende los derechos de los niños y rechaza la idea de escribir para ellos desde la condescendencia. Esa convicción lo llevó a dedicar gran parte de su obra a los más jóvenes, con títulos premiados y reeditados como Los cuentos tienen familia o La media vuelta, la vuelta entera.

Entre los reconocimientos más significativos se encuentran el Premio Nicolás Guillén, obtenido en 2019 con Macerar, y el concurso La Edad de Oro, donde triunfó con un álbum ilustrado. También recibió la beca Alcorta y el premio de la crítica La Rosa Blanca. Cada galardón ha sido un impulso para seguir compartiendo poesía con la comunidad.

Su rutina combina inspiración y disciplina. Peraza asegura que si la musa llega y no se aprovecha, después no se puede escribir. Lee constantemente y coordina talleres literarios en la UNEAC y en escuelas locales, fomentando la creación entre jóvenes escritores.

El proyecto Con Amor y Esperanza, nacido del trabajo con niños con síndrome de Down, es uno de sus aportes más conmovedores. Allí la literatura se convierte en herramienta de inclusión social: los niños declaman, ilustran libros y participan en publicaciones internacionales, logrando independencia y reconocimiento.

Su espacio “Como Pan Caliente” en la Feria del Libro de Pinar del Río se ha consolidado como rostro del evento en la provincia. Allí promueve títulos, interactúa con niños y escuelas, y acerca la literatura a la vida cotidiana. Para él, la clave está en llegar a la comunidad sin pretensiones, buscando el talento en cada rincón.

Además de coordinar el Festival Internacional de Poesía en Pinar del Río, Peraza ha participado en encuentros en México y Veracruz, llevando la voz de la poesía cubana más allá de las fronteras. Reconoce que la poesía salva y que en tiempos difíciles leer versos ayuda a resistir.

“Quiero que Río Seco sepa que soy un hijo ferviente, amante de mi pueblo y de mi gente”, afirma. Más que su nombre, desea que permanezcan sus versos y el amor con que ha tratado a las personas. Su obra es testimonio de cómo la poesía puede acompañar y transformar.

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